EXPERIENCIA EN PORTOVIEJO

El 25 de Diciembre por la tarde, recibimos del Señor ese regalo que tanto esperábamos, ese sueño que algunas teníamos: ir a Portoviejo, visitar ¡¡LAS CUMBRES!!

Conocimos la comunidad, las hermanas nos acogieron con los brazos abiertos, la capilla bien adornada nos esperaba para que compartiéramos con el Señor tanto como nos quedaba por vivir en aquellos días.

El 26 por la mañana llegó el momento esperado: ¡Subir a las Cumbres!. Con el sol dándonos de pleno, comenzamos la subida. Nuestros ojos estaban bien abiertos para no perdernos detalle. Sabíamos que, de forma especial, el Señor estaba por cada una de aquellas esquinas y queríamos verlo.

El cole no está lejos de la comunidad pero con la alegría, amabilidad y acogida de nuestra hermana Conchita, el recorrido fue más largo de lo habitual: había que saludar a los vecinos, desear Feliz Navidad, dar un abrazo… Allí estaba Dios. Las Esclavas en el barrio nos hablaban del Dios de la tierra.

La realidad nos dejó sin palabras: aquellas lomas, las casas de caña, los niños jugando, el camión llevando agua, los vecinos saludando, otros incluso regalándonos los frutos que tenían,… Luego entramos en el cole y visitamos los grados con los que nos encontraríamos al día siguiente para la convivencia. ¡Qué caras, qué ojos, qué sonrisas, qué alegría!! Aquellos niños comenzaron a entrar en nuestros corazones.

Llama la atención de forma especial cómo la educación, la posibilidad de ir al colegio dignifica a la persona. Aquellos niños uniformados eran “igualitos” a los de otras zonas de Portoviejo. Luego, a la salida, serían los que correrían descalzos por allí, volverían al botadero, la suciedad no sería problema para ellos,… De nuevo brota agradecer al Señor que nos envíe como Esclavas a aquella misión. Somos manos, ojos y pies del Señor para formar corazones, dignificar a las personas y llevar esperanza.

Con la alegría de saber que al día siguiente volveríamos a encontrarnos con los chicos, bajamos a la Comunidad. Esa tarde nos esperaba la hermana María José González para enseñarnos el casco histórico de la ciudad. ¡Una auténtica guía turística!! ¡¡No le faltó un detalle en sus explicaciones!!

A la bajada de las Cumbres, aprovechamos para visitar el comedor de Cristo Rey, ubicado junto a la comunidad. Intentamos llevar un poco de alegría a las personas que diariamente acuden allí para comer. Cantamos, bailamos y también ellos se “echaron al ruedo” y disfrutamos de algunas canciones típicas manabitas.

El día 27 llegó el encuentro directo con los niños. Al llegar al cole ya nos conocían del día anterior y rápidamente nos vimos rodeadas de besos, abrazos, miradas, preguntas… ¡Qué disfrute! Durante la convivencia reímos, cantamos, jugamos y sobre todo, agradecimos al Señor el año que nos había regalado vivir. Llenamos de color la Eucaristía con todos los agradecimientos: la comida, el colegio, las hermanas, los profes, los amigos, las familias,… Cantamos al Niño que había nacido y nos empapamos bien del Dios que allí se respiraba porque éramos conscientes de que nos oxigenaría en otros momentos de nuestro camino. Fue un día importante en el que le entregamos a Dios toda nuestra capacidad de amar y de acoger. Aquellos niños lo merecían!!

Otra experiencia inolvidable fue la subida al botadero. ¡Dios Santo, qué humo, qué olor, qué familias viviendo allí, cuántos gallinazos…!  En aquellos momentos fue imposible fotografiar la miseria del hermano. Brotaba respeto, salían algunas lágrimas y las mil preguntas que Ana intentaba respondernos. Allí también viven chicos del cole de las Cumbres. De forma especial tenemos en nuestras retinas la imagen de las niñas del botadero abrazadas a las piernas de Ana. ¡Qué momento! Esa imagen habla de un Sí al Señor, un Sí a su voluntad, un Sí al Amor.

Terminamos nuestra experiencia en Portoviejo orando juntas. Momento importante para agradecer lo vivido y enriquecernos con lo experimentado por las hermanas.

Agradecemos al Señor que en esta Navidad se nos haya regalado en los rostros de los niños de las Cumbres. Esos ojos, esas sonrisas, la acogida… iluminarán las dificultades que se presenten a lo largo de este año en nuestro seguimiento. ¡¡Gracias, Señor!!!