Adviento 2

Canto
Salmo


A ti, Señor, levanto mi alma;
hacía ti, Dios mío

En ti confío, no quede yo defraudado,
que no triunfen de mí mis enemigos ;
pues los que esperan en ti no quedan defraudados,
mientras que el fracaso malogra a los traidores.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas :
haz que camine con lealtad ;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y todo el día te estoy esperando.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas ;
no te acuerdes de los pecados de antaño,
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores ;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes.
del salmo 25

Lectura

San Pablo escribe: Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros. No extingáis el Espíritu; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno. Absteneos de todo género de mal. Que El, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama y es él quien lo hará.
1 Tesalonicenses 5, 16-24
Jesús dice a Nicodemo: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios.» Nicodemo le responde: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?» Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»
Juan 3, 3-8
 
Canto
Silencio
Oración de intercesión


Dios, nuestro Padre, te bendecimos por habernos llamado a conocerte, a amarte y a vivir de ti.

— Maranatha, ¡el Señor viene!

Tú has enviado a tu Hijo amado, tu perfecta imagen y el reflejo de tu rostro. El se hizo semejante a nosotros en todo excepto en el pecado.

— Maranatha, ¡el Señor viene!

En El, tú has proclamado la buena noticia de tu Reino; tú perdonas nuestras ofensas y curas nuestras heridas.

— Maranatha, ¡el Señor viene!

Mantennos en la comunión de tu Hijo; haznos vigilantes para esperar el día en que El vendrá.

— Maranatha, ¡el Señor viene!

Danos tu paz, para que podamos comunicarla unos a otros en el amor fraterno y nos pongamos al servicio de la familia humana.

— Maranatha, ¡el Señor viene!
 
Padrenuestro
Oración


Jesús, nuestra alegría, el simple deseo de tu presencia es ya el comienzo de la fe. Y, en nuestra vida, el hecho muy oculto de una espera hace que broten fuentes: la bondad, el amor desinteresado y también esa armonía interior que viene del Espíritu Santo en nosotros.

Bendícenos, Señor Cristo, tú que nos das un frescor de Evangelio cuando la confianza del corazón está al comienzo de todo.
Cantos