La mujer rica

Al lado del intelectual hay una mujer vestida de rosa cuyo rostro está medio cubierto por un velo. Dentro de la sencillez del cuadro, el detalle del velo denota que es una mujer de alta posición social. La postura de las manos y el gesto del rostro sugieren que la mujer se acaba de escandalizar ante el gesto de Jesús. Lo mira como de reojo, con la mano en la mejilla, como si se avergonzase de estar allí. ¡Cómo va a mezclarse ella con esa chusma: payasos fracasados, mujeres ciegas, prostitutas, inmigrantes! ¿Cómo es posible que Jesús la trate a ella igual que al resto? ¡Con la cantidad de buenas obras que ella ha hecho! Sin faltar ni un día a misa, ni una limosna a los pobres; siempre colaborando con la parroquia y financiando a la Iglesia…, y ahora es tratada igual que una vulgar mujerzuela…

Obsesionada en sus propias razones no se ha dado cuenta de que Jesús le ha dado ya el pan y el vino, su cuerpo y su sangre. Ella sigue dándose razones, mientras el milagro del amor está delante de ella: Jesús se está entregando en cuerpo y sangre a ella de una manera total. ¡Claro! Esto produce escándalo. No es fácil de entender para algunas personas: Dios se pone en nuestras manos por puro amor.

¿No serás tú también de aquellos que tienen muy claras las cosas sobre Dios y sobre lo que los demás tienen que hacer?

¿Te das cuenta, de verdad, de todo lo que Dios te da? Dedícate un tiempo a caer en la cuenta.

¿Eres capaz de agradecerlo sin criticar a nadie?

¿Qué sientes ante esta contemplación? ¿Qué invitación te puede estar haciendo el Señor?