Domingo 1 de mayo, 2º de Pascua


a.    Los miedos siempre dan cerrazón, siempre. ¿A qué me cierro?
b.    Cuando Jesús dice: “La paz con vosotros”, está relativizando todos los motivos de nuestros miedos. Relativizar los motivos de nuestros  miedos y desasosiegos… Pedirle a Jesucristo que aumente nuestra fe en él, nuestra confian-za en él y se disiparán tantos y tantos miedos que nos acogotan.
c.    El cuerpo de Jesucristo resucitado es un cuerpo con cicatrices; con cicatrices, ¡pero resucitado! ¡No hay muerte sin resurrección! Agradecerle a Jesucristo, el Señor, que haya llenado de sentido tanto sin sentido de la vida.
d.    “La paz con vosotros, como el Padre me envió, también yo os envío”. Soy una enviada de esta noticia de sosiego ante tantos miedos. Liberada del miedo a sufrir, no escatimaré esfuerzos por evitarle a otros tantos y tantos sufrimientos que se padecen. Lo más que puede pasar -¡gracias al Señor, muerto y resucitado!- es que me queden cicatrices. Comprometerme con Jesucristo, “Señor mío y Dios mío”, en ir por la vida como creyente.