¿Si ya no soy misionera?

Me parece escuchar esta pregunta
y hoy ya les mando mi contestación:
lo fui, lo soy y lo seré entre tanto
que en mi alma anide una ilusión.

Dejé en verdad mi tierra ambicionada,
mi tan querida Casa de Misión
en la que tantos años me entregara
a trabajar con celo emprendedor.

Pero traje guardada aquí en mi alma
mi siempre viva y santa vocación
con la certeza de que en cualquier parte
la haría fecunda el querer de Dios.

Porque nada ante El son los lugares,
El sólo mira allá en el corazón
y como ante sus ojos sólo valen
los grados y quilates de su amor,
seguiré siendo siempre Misionera
aunque dejé la Casa de Misión,
pues me traje mi Cristo, y esto basta,
feliz con sus designios y su amor

5-3-1962

Madre Belén