Rasgos de su oración

CREO QUE AMO A DIOS...

Creo que amo a Dios, puesto que por nada del mundo cometería voluntariamente una acción que le disgustase, y estoy dispuesta a ofrecerle sin vacilar todos los sacrificios que me exija, y no temo su justicia porque su misericordia conmigo ha sido y es tan grande que dudar de ella me parece una ofensa, así veo hoy, y si por parecerme a los santos dijese otra cosa mentiría; es posible que mañana Dios me de más luz y conozca otra cosa, pero ganas de conocer que no tengo amor de Dios no las tengo, prefiero que me mande toda clase de enfermedades y contradicciones y sufrimientos antes que experimentar desabrimiento hastío y frialdad para con un Dios a quien tanto debo, sin embargo deseo tanto no hacer más que lo que El quiera, que si es su voluntad probarme de ese modo recibiré la prueba con gusto, segura que no me retirará las gracias que necesito para sufrirla.

COMUNICO CON DIOS...

En mis ejercicios soy puntual y los hago con gusto, no puedo hacer meditación sacando consecuencias de un punto; pero comunico con nuestro Señor como mi padre y mi todo, cuanto me pasa triste o alegre, y si nada me preocupa estoy allí a sus pies como un perro a los de su amo.

ORACION DE SUPLICA

Estoy más tranquila y animada a pesar de tanta cosa como me abruma; algunas veces mi oración se reduce a presentar a Nuestro Señor uno por uno los motivos de sufrimiento que pesan sobre mí, le digo que en un momento El puede arreglarlo todo; pero que si su gusto es verme así, Fiat aunque sea hasta el fin de los siglos.

CORAZON A CORAZON

(al P. Fundador, explicándole su actuación con un sacerdote que les dio los ejercicios en Málaga. Ya estaba el P.F. en Sevilla)
 
Empecé por darle cuenta de la oración: le dije no tenía facilidad para desenvolver una meditación; pero sí para comunicar con N. Señor de corazón a corazón diciéndole cuánto siento y deseo, y que mi única petición era conocer su voluntad y cumplirla, que no tenía ni afán porque la Congregación creciese mucho, porque le temo a la vanidad  y ya que dejé la del mundo que no quiero encontrarla en la religión, pero que me alegro que otras crezcan y den con ello mucha gloria a Dios.

ACTITUD CONTEMPLATIVA

Ya hace tiempo que en la oración, en la preparación para comulgar y en la acción de gracias no tengo más que un solo movimiento, antes me parecía ocio espiritual, pero V. Me ha dicho que no es malo y me dejo llevar de esta atracción que me produce mucha suavidad en el alma. Me es muy fácil recogerme y cerrando los ojos, me encuentro muy cerca del altar, con mi corazón delante de la puerta del Tabernáculo, Casi nunca digo nada, sólo de vez en cuando, con el corazón y hasta con los labios digo, Dios mío que se haga tu voluntad. Otras veces sólo digo: Señor, qué queréis que haga, y así se pasan mis días y hasta años creo que van así. Vd. Dirá si hay algo que reformar en este modo de ser.

PERDERME EN EL DIVINO CORAZON

La impresión que me domina al empezar el nuevo siglo, es el deseo vivísimo de perderme de tal modo en el Divino Corazón que ya yo no sea nada y sólo El viva en mí; que esto llegue a suceder es todo mi afán.

Fijo mi pensamiento en el deseo que me domina de que el Divino Corazón lo sea todo en mí, se me ha ocurrido pedirle con empeño que me “ignotice” para lo cual he procurado estar cerca de Nuestro Señor lo más posible y mirarle mucho tiempo, siéndome en extremo consolador pensar que ya no tendré en adelante ningún movimiento propio, sino que la mirada dominadora del Corazón de Jesús será el impulso que me mueva a dónde y como El quiera; si así lo consigo quedarán satisfechas todas las aspiraciones de mi corazón.
 
Para poner en común:

¿Qué caracteriza la oración de Celia Méndez según estos textos?

¿Qué actitudes vitales acompañan su vida de oración? ¿Cómo se sitúa ante ella? ¿De qué manera la prepara?