Proceso Formativo

proceso formativoEl objetivo fundamental al que tiende la formación, es la identificación con Cristo, la unión con Él según nuestro Carisma. Esta configuración se da a través de un proceso de transformación espiritual que nos va llevando a pensar como Él, sentir como Él, querer y hacer lo que Él quiere con un sentido de pertenencia total, hasta poder decir como Pablo que es Él quien vive en nosotras.
 
 
 
 
 
 
 
Este proceso que comienza por la llamada gratuita e incondicional de Dios y la respuesta libre y total de cada una, nos introduce en la comunión de todas las que somos con-vocadas y nos confía una misión: contemplar, vivir y anunciar el misterio de su Amor.
 
Agentes y Ámbitos de formación
 
Jesucristo es el único Maestro que nos ha llamado y nos irá acompañando a lo largo de todo el camino formativo. Los agentes adquieren su sentido en cuanto están referidos a Él.
 
El Espíritu Santo. Es el primer y principal agente de la formación, si Él no hay posibilidad auténtica de seguimiento. Es quien nos llama y suscita en nosotras una respuesta libre y generosa, es quien a lo largo de toda nuestra vida conserva la iniciativa (Fiel es quien os llama) es la verdad que enseña, recuerda y guía
 
María. Ejemplo de consagración por su entrega total a Dios, nos recuerda que la iniciativa es de Dios y nos muestra cómo acoger su gracia en nuestra vida. Mirando a la primera Esclava aprendemos a estar incondicional y permanentemente disponibles al querer de Dios en actitud de humildad y obediencia a Él.
 
La Iglesia. La vida, la santidad y la misión de la Iglesia son agentes de formación. Nuestra vida cristiana y religiosa se nutre y profundiza en la participación activa en la vida litúrgica y sacramental, particularmente en la Eucaristía. Por la Palabra de Dios escuchada, vivida y celebrada recibimos luz, interpelación y fuerza para responder cada día al Señor.
 
La realidad. El mundo es el lugar de la acción salvífica de Dios. La realidad humana y social que vivimos, las esperanzas y sufrimientos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, son palabra de Dios para nuestra manera de vivir, de estar presentes y de servir a la misión.
 
La Comunidad. Es elemento esencial de nuestra vocación. Se construye diariamente al dejarse interpelar y convertir por la Palabra de Dios y transformar por la Eucaristía. Es el lugar en donde se encarna el Carisma, aprendemos a vivir en compañía de aquellas hermanas a quienes Dios ha puesto a nuestro lado, el aprendizaje diario del diálogo, la comunión, corresponsabilidad, servicio, entrega, reconciliación, gratuidad… .
 
La persona llamada. Al hacerse consciente del don de Dios que ha recibido, invitada a dar una respuesta personal, responsable y gozosa, asume que ella es la primera responsable de su formación. Para ello ha de cultivar la docilidad al Espíritu; ser transparente y sincera; reconocer la acción de Dios en su propia vida; aprender a convivir sintiéndose responsable de la construcción de la fraternidad; desarrollar la vida de oración, estudio, trabajo; colaborar con las mediaciones humanas…
 
La Maestra. Importante mediación humana en esta etapa inicial, convencida de que el Señor es el único Maestro acompaña a la formanda en todos los aspectos de la formación favoreciendo su integración progresiva en la vida y en la misión de la Congregación. Lo hace con particular dedicación por medio del diálogo.
 
La Superiora. Las Superioras han de ser estímulo en la búsqueda y realización del querer de Dios. Ayudar a cada hermana a que viva su consagración al Señor como Esclava del Divino Corazón y se sienta feliz, es su principal servicio.

Dinamismos y medios formativos

Entendemos por dinamismos y medios las realidades que se presentan con una intencionalidad formativa.

La Palabra de Dios. La Palabra de Dios, regla suprema de vida, es la primera fuente de vida espiritual, alimenta nuestra relación personal con Dios y nos muestra su voluntad.
 
El acompañamiento personal. En sentido más estricto lo entendemos como el diálogo personal realizado con regularidad para acompañar a las Esclavas en el camino del Señor a lo largo de su vida. Tiende a hacer a la persona capar de percibir de manera realista y sin deformaciones, la acción de Dios en ella y poder decidir libremente el responder a la misma de manera responsable.
 
La oración. La oración es esencial a nuestra vida y oración apostólica, de ahí que dediquemos dos horas diarias a la oración personal. La calidad de nuestra vida cristiana depende de la calidad de nuestra vida de oración, es ponerse frente a la verdad de Dios con la verdad de una misma, nos hace entrar poco a poco en el mundo de los deseos de Dios. La oración personal es para la Esclava íntima relación de amistad con Jesucristo, desahogo del alma con el amigo que no se muda; diálogo, relación, es hablar con Él y dejar que Él nos hable,; es trato familiar, comunicación íntima, tierna y cordial, llena a la vez de profundo respeto.
 
El estudio. Nuestra consagración y nuestra misión educativa exigen de nosotras el cultivo de las ciencias si queremos lograr una síntesis armónica entre Evangelio y Cultura, fe y vida y favorecer la transmisión de una cultura impregnada de valores evangélicos. Realizado con responsabilidad, constancia, rigor y técnica suficientes ayuda al crecimiento humano, espiritual y vocacional.
 
Experiencias apostólicas formativas. Teniendo en cuenta la centralidad de la misión en nuestra vida, las experiencias apostólicas adquieren una importancia singular en todo el itinerario formativo y se convierte en una escuela en la que a la vez que anunciamos el amor de Jesucristo nos vamos convirtiendo en verdaderas Esclavas educadoras.
 
El Proyecto personal. Es autoconocimiento y discernimiento en el Espíritu, una invitación a seguir tomando siempre de nuevo la vida en las propias manos secundando la obra de Dios.