Acurrucada al fondo de la mesa, casi desapercibida, una vieja cubierta casi completamente por un manto azul. Parece como si todo el peso de una vida de sufrimiento cayera sobre su cuerpo e intentara aplastarla. Es ciega, pues es el único personaje que no mira a Jesús, sin embargo, parece que tiene puesta toda su atención en escucharle decir: “tomad y comed este es mi cuerpo”. De hecho sus manos están una sobre otra, sin coger ni el pan ni el vino, como si estuviera saboreando las palabras que acaba de escuchar, como si el comer y el beber pudiesen esperar.

En realidad ella está concentrada en recibir en silencio el don de Dios. Y lo recibe como solo los pobres saben recibirlo, de una manera total, en silencio, sin destacar.
¿Y tú? ¿Cómo acoges lo que Dios te da?

¿Cuál es tu pobreza?

¿Hay algo que te cuesta sobrellevar?

Siente cómo Jesús te dice: toma y come de mí, y no tendrás más hambre. Bebe de mí, y no tendrás más sed.