Ser joven es saber buscar de dónde viene la voz de Dios, como Samuel que se despierta tres veces y pregunta al profeta “¿me has llamado?”. Sentir la llamada es buscar quién, para qué, cómo y cuándo me llaman.

La experiencia de Dios es una búsqueda de toda la vida, cada día, en cada circunstancia, en el dolor y en la enfermedad encontrar el corazón abierto de Cristo que nos invita a seguirle, a dar como Él con toda generosidad, la vida.

Señor quiero ser como tú, que dices: “nadie ama más que el que da la vida por sus amigos”, pero quiero descubrir dónde quieres que mi entrega sea más auténtica para cumplir tu voluntad y poder decir de todo corazón la oración que tú nos enseñaste:
 
“Padre nuestro, que estás en el cielo
santificado sea tu nombre
venga a nosotros tu Reino
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.
 
Despierta Señor mi generosidad como lo hiciste con el profeta Samuel y ayúdame a serte fiel tanto en las grandes decisiones como en los pequeños detalles que tu llamada abre a mi existencia. Amén