Señor, te vengo a cantar
cuando logras ensanchar
en mi vida el horizonte.
Cuando me haces despertar
y contigo respirar
el aire puro del monte.

Me diste pies para andar,
manos para trabajar,
una meta y un camino,
y una forma de expresar
lo que me quisiste dar
como un regalo divino.

Tal vez no conseguiré,
tal vez nunca llegaré
ver airosa mi carrera.
Mas siempre te cantaré
y en mi canto te diré
lo que yo vivir quisiera.

Tú me quisiste llamar,
te seguí sin vacilar
y éste es mi mayor contento.

Señor, te vengo a cantar,
porque es mi modo de amar
y de decir cuánto te quiero.

Consuelo Ojeda