Todo el que sabe mirar
la anchura inmensa del mar
o la multitud de estrellas,
es capaz de contemplar
y contemplando gozar
cuando descubre tus huellas.

Todo el que es capaz de amar,
de servir y perdonar
y de todos ser amigo,
tiene la puerta en su hogar
abierta de par en par
para encontrarse contigo.

Todo el que ha logrado hallar
un sentido al abrazar
lo que parece locura,
ese entiende tu llamar
y es feliz al embarcar
en la divina aventura.

Todo el que bebe tu luz
y se abraza con tu cruz
para siempre tú lo sellas…
Que empezó a saber de amor
al ser un contemplador
del mar y de las estrellas.

Consuelo Ojeda