Yo cantaré, Señor, tu gran misericordia
que es infinita,
igual que las arenas del desierto y el mar.
Yo cantaré al recordar mi historia
tu intervención en ella
que me invita a esperar.

Cada día es más fuerte en mí el deseo
de agradecer tu amor hasta la cruz,
y el caminar por donde yo rastreo
un resquicio de luz.

Presiento tu mirada, estás cercano.
Esto me hace gozar.
Y al sentirme cogida de tu mano,
todo empieza a cambiar.

Y es tanta y tan profunda mi alegría
que algo así como un cántico nuevo
he de cantar.

A la vida y al día
cantaré.

A la luz y a las cosas
cantaré.

A ti, por ti y en ti
yo cantaré.

Consuelo Ojeda