Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:

 

“Si quieres, puedes limpiarme.”

 

Sintiendo lástima (compasión),
extendió la mano
y lo tocó diciendo:
“Quiero: queda limpio.”
Él lo despidió encargándole severamente:
“No se lo digas a nadie;
pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.”
Pero cuando se fue,
empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús
ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo;
se quedaban fuera, en descampado;
y aún así acudían a él de todas partes.

A otros no se atrevería a acercarse, porque la enfermedad lo hacía impuro, in-tocable; pero a Jesús, ¡tan cercano!, sí se atreve.
Y se acerca con una súplica desbordante de certeza: “Si tú quieres, puedes limpiarme”. Curioso: no curarme sino limpiarme.
Y el Corazón de Jesús se conmocionó
y, extendiendo su mano,
tocó al in-tocable, al impuro
¡¡Claro que quiero!!: queda puro, queda tocable...

¿Cómo que no?

 

...¡En cuanto se fue!,

de modo que Jesús, como el leproso antes,
no podía entrar en los pueblos
y se quedaba, como el leproso antes, en los descampados.
Y ahí, donde el leproso antes, acudía la gente...

  1. Hoy también hay gente intocable, socialmente hablando. ¿Me es fácil aceptarlos o los rehúyo?
  2. Si alguna vez se me acercaran pidiendo ayuda, como tendría que “tocarlos” para que se sintieran puros y tocables?
  3. Me acerqué alguna vez a “sus” terrenos, a “sus” descampados?
  4. El corazón de Jesús sintiendo com-pasión con las pasiones de la gente... Eso la gente lo notaba, por eso se le acercaban... Si empiezo a com-padecer con los padecimientos de la gente, a lo mejor se me acerca alguno suplicando que lo toque... ¡A lo mejor!
  5. ¿Tengo a alguien “alejado”, “fuera” de mi entorno? (me refiero a compañeros de estudio, de trabajo, de comunidad, vecinos, familiares, etc. etc.) ¿Qué es lo que lo aleja de mi? ¿Intentó acercarse alguna vez? ¿Se lo puse fácil o difícil?
  6. ¿Estoy yo alejada de alguien? ¿Qué es lo que me aleja?