Conviene recordar que: “Iban subiendo camino de Jerusalén y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban y los que seguían iban asustados. Él tomó aparte otra vez a los doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: “Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser…”(Mc 10, 32 s.)

También un texto de Hechos (9,1) que dice: “(Saulo) se presentó al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que, si encontraba a algunos seguidores del Camino, hombres o mujeres…

Y el conocidísimo: “Yo soy el Camino” del evangelio de Juan (14,6), que es lo definitivo.

En este contexto se entiende mejor el evangelio que sigue, y la fuerza que encierra.

Mc 10,46-52

 Evangelio del 25 de Octubre de 2015

  1. El camino por el que transita Jesucristo lleva a Jerusalén, camino del que Jesús no se escaquea, aunque le conduzca al lugar de su condena por las autoridades religiosas y civiles. Más de uno bordeamos ese camino, estamos cerca, pero no lo recorremos: lo rozamos… En el lenguaje común se habla de “salirnos por la tangente”… ¿Por qué “tangentes” me muevo, rozo, pero no acabo de implicarme?
  2. El camino por el que transita Jesucristo, vamos, Él mismo… ¿Qué no veo?, ¿qué me cuesta ver?
  3. Quizá me pase también con personas: ¿Qué no veo de ellas?, ¿qué me cuesta ver? ¿A quiénes no quiero ni ver? ¿Por qué? El del evangelio, consciente de su ceguera, grita: “Ten compasión de mi…
  4. Soltó lo que le podía estorbar, dio un brinco y se acercó, al que le podía echar una mano... Así dice el evangelio. Quizá haya alguna cosa que sigue estorbando para acercarme a Jesús e incorporarme a su Camino, quizá algún “intocable” que decíamos hace dos domingos.
  5. La pregunta de Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?”, ¿tiene alguna respuesta por mi parte? ¿Quiero también yo salir de mis cegueras?
  6. Recobrar la vista y seguirlo por el Camino, tiene que ver con el seguimiento, con ser discípulo, con llamar a Jesucristo Maestro Bueno como hacíamos hace dos domingos. Tengo esta oración preciosa de una persona amiga y que viene al caso…

Yo quiero aprender de ti, Maestro
pero me resulta difícil seguir tus enseñanzas.
Más los intentos que los aciertos.
Más los errores que los intentos.
Acompasar la melodía amorosa de tus palabras
a la supervivencia en la cruda realidad.
Empresa dificilísima. Quizás no lo consiga nunca.
Tampoco me lo propongo siempre.
Una discípula díscola, habrás caído en la cuenta.
Bebo de la fuente de agua cuando tengo sed,
y después rompo el vaso.
Lo que quiero decirte Señor es que  sirvo a Dios y al césar.
Que no lo dejo todo para seguirte.
De las viñas que me encargaste no me pidas cuentas.
Y si apareces de pronto no tengo aceite en mi lámpara.

Ni setenta, ni siete, ni una.
No soy docta en matemáticas del perdón.
Expectante de tus milagros para triunfar con tus triunfos.
…Y no sigo, ¿para que?
Pero me cautiva tu mensaje, tus palabras, tu vida.
Maestro.
Si puede servir como admisión
sólo la emoción de conocerte,
admíteme.
Sirva tu intención de enseñar, no mi capacidad de aprender.
Tu misericordia encubra mi ignoarrogancia.
Tengo tanto que aprender de Ti,
Maestro, mi Señor a ratos, todo.