Conviene recordar los versículos anteriores al evangelio de hoy:

Los discípulos iban subiendo camino de Jerusalén y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban y los que seguían iban asustados. Él tomó aparte otra vez a los doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: “Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los letrados, lo condenaran a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará”. Se le acercaron los hijos de Zebedeo… (Mc 10, 32-34)

Mc 10, 35-45


Se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo,
Santiago y Juan, y le dijeron:

“Maestro,
queremos que hagas lo que te vamos a pedir”.
Les preguntó: “¿Qué queréis que haga por vosotros?”
Contestaron: “Concédenos sentarnos en tu gloria
uno a tu derecha y otro a tu izquierda”.

Jesús replicó: “No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?”

Contestaron:
“Lo somos”.
Jesús les dijo: “El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo; está ya reservado.”
Los otros diez al oír aquello,
se indignaron contra Santiago y Juan.

 

 

Jesús reuniéndolos les dijo:
“Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen.
Vosotros nada de eso:
el que quiera ser grande, sea vuestro servidor;
y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos.
Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”.

Ya decíamos cómo la gente se acerca a Jesús: para tocarle, para “pillarlo”, para escucharle, para sanar, para preguntar...
Los de hoy, que también le llaman Maestro, pero no preguntan, le proponen: “Haz lo que te vamos a pedir
¿Qué?...
Los de hoy se acercan al Señor para medrar.
La verdad es que, como nosotros, no se estaban enterando de NADA.
Ciertamente situarse al mismo nivel de Jesucristo, a su derecha o a su izquierda, tiene que ver con beber de su cáliz y con sumergirse en su bautismo. No hay otra gloria. ¿Somos capaces?
Y sin calibrar demasiado de qué va la cosa, se contesta: “Lo somos

 

Y aquí viene el lío… Todos queriendo ser alguien, todos queriendo la gloria de estar a su derecha y a su izquierda. Ciertamente ni ellos ni nosotros acabamos de saber de qué va lo de beber su cáliz, de bautizarnos con su bautizo; si lo supiéramos quizá no tendríamos tanto interés en lo de la derecha y la izquierda. Ellos como nosotros sin acabarnos de enterar de NADA.
¿Hace falta comentario?

 

¡Vosotros nada de eso!
Mira que está claro dicho, pues ¡no está claro!
Mira que no deja alternativas, pues nos las buscamos.
La verdad es que desconcierta que Dios se haga hombre para servir y dar su vida en rescate por todos.
Desconcierta.

 

 

¿Es ésta la gloria que busco cuando deseo estar a su derecha y a su izquierda?

¿Qué busco cuando digo acercarme y adherirme a Él?

El poder conlleva la tentación de “tiranías” y de “abusos”. ¿Tengo algún ámbito de “poder” (matrimonio, hijos, padres, noviazgo, trabajo, cargos, amigos, comunidad, familia, …). En ese ámbito de “poder”, ¿alguna “tiranía”?, ¿algún “abuso”?

Las tiranías y/o abusos en los que puedo intervenir de alguna manera…

El sometimiento a algún modo de “tiranía” y/o “abuso” que me está dañando…