Al ver Jesús el gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos,

y él se puso a hablar enseñándoles:

"Dichosos los pobres en el espíritu,

porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Dichosos los sufridos,

porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que lloran,

porque ellos serán consolados.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos,

porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón,

porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz,

porque ellos se llamarán hijos de Dios.                      

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo

por mi causa.

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo."

 

Sí, conviene acercarse...

 

Carecer...

 

No huir del sufrimiento...

 

Llorar... (¡es tan de persona!)

 

Hambre. Sed. De justicia: que sean las cosas como Dios las concibió.

Ser misericordioso, es ser muy parecido a Dios.

 

A los de corazón limpio, Dios se muestra.

 

...no por la revancha, no por la venganza, no por "donde las dan las toman". No. Trabajar por la paz.

Alguna pequeña persecución habrá...

 

Algún pequeño insulto caerá...;

alguna pequeña exageración...

¡A causa de Jesucristo!

"Estad alegres y contentos": ¡dichosos!

 

  • El evangelio de Mateo recoge cinco grandes discursos distribuidos a lo largo del libro. El primero de estos suele conocerse con el nombre del “sermón del monte” (Mt 5-7). Este “sermón del monte” empieza, después de una breve introducción, con las conocidas “bienaventuranzas”. Las bienaventuranzas responden a un género literario que encontramos en el Antiguo Testamento. Allí, las razones por las que se declara alguien bienaventurado suelen ser la riqueza, la salud, el tener buena fama. Es tan obvio que no necesita explicación. Sin embargo, en la lista que encontramos en Mateo, cada una de las bienaventuranzas va acompañada de una especie de justificación. Ésta, aunque en cada caso sea distinta, todas se refieren al Reino de los cielos: tiempo de consuelo y de misericordia, casa del Padre que es hogar para los hijos…
  • Las cuatro primeras bienaventuranzas hacen referencia a situaciones de vitales de carencia: pobres, tristes, humildes, hambre y sed. La antítesis: los pobres… poseerán, los afligidos… serán consolados, los hambrientos… saciados, no ha de interpretarse como: sed pobres para poseer un día, mansos para recibir una herencia, pasad hambre para ser saciados…; como si el Señor exigiera que se pagara el gozo con un sufrimiento, la posesión con una privación… una especie de “mercado”, ¡tan contrario al modo de actuar de Dios! Jesús insiste en el desapego de los bienes materiales porque es una realidad cierta que, la preocupación por ser rico, por no sufrir, por tener éxito, etc., puede llevar a endurecernos en relación a los demás. La persona que relativiza estas cosas tiene más capacidad para vivir abierta a la acción de Dios.
  • Las cuatro siguientes (sólo en Mateo), no contiene situaciones de vida sino actitudes. La novena, vemos que, a diferencia de las otras, está redactada en segunda persona y contiene una referencia expresa a la persecución que seguramente estaban sufriendo los cristianos de aquel tiempo.

(Cf. El Tesoro del Escriba. La Casa de la Biblia-Verbo Divino p.38-41; Caminos a través de la Biblia. Sor JEANNE D’ARC,o.p., DDB, p.284).

 

a.    Señala situaciones personales de alegría y felicidad. Señala motivos personales de alegría y felicidad.
b.    Elige la "bienaventuranza" que más te guste. Comenta por qué. ¿Qué experiencia tienes de ella? Elige la "bienaventuranza" que más te choque. ¿Por qué?
c.    Seguro que alguna vez hubo "a modo de" insulto, persecución, calumnia, a causa de Jesucristo. ¿Me afecta mucho (¿me "arrugo"?)?  ¿Tiendo a evitarlo? ¿Cómo?

 
El evangelio es para la vida de cada día, para la vida normalita que vivimos la mayoría de las personas; de no ser así, ¿de qué y para qué es Buena Noticia?

También las “Bienaventuranzas” (bienaventuranza... = aventurarse bien...)

1. Pobres de Espíritu. El Reino de los cielos.
Señor, ayúdame a tener un corazón despojado, desprendido, que confíe en Ti.
El Reino de los cielos es Jesús, Él es un tesoro. Encontrar mi tesoro en el Señor.

2. Mansos. Poseerán la tierra.
Señor, ayúdame a poner buena cara, a encajar las cosas.
Poseerán la tierra. Te ganarás a los que te rodean, te ganarás el corazón de los demás.

3. Los que lloran. Serán consolados.
Señor, ayúdame a sentir las cosas de mis hermanos; dame lágrimas de amor solidario
Serán consolados. En las lágrimas solidarias se encuentra consuelo.

4. Hambre y sed de justicia. Serán saciados.
Señor ayúdame a tener hambre y sed de cosas buenas: JUSTICIA (≡ el Señor mismo): hambre y sed de Ti; hambre y sed de cosas buenas para los demás.
Serán saciados. ¡Encontrarán sentido! Vivid con hambre y sed de lo bueno, da sentido a la vida, sacia.

5. Los misericordiosos. Encontrarán misericordia.
Señor, ayúdame a ser persona comprensiva y compasiva. Entender a la gente a imitación tuya.
Encontrarán misericordia. “...entonces clamarás, y Yavé te responderá, pedirás socorro, y dirá: «Aquí estoy».” (Is 58,)

6. Los limpios de corazón. Verán a Dios.
Señor, ayúdame a tener un corazón sincero, corazón que no se deja engañar. Fallos sí, pero pretextos y engaños, no.
Un corazón sincero se encuentra con Dios: verá a Jesús.

7. Los pacíficos. Serán llamados hijos de Dios.
Señor, ayúdame a ser persona que une y suaviza.
Serán llamados hijos: se parecerán al Señor, a Jesús.

8. Los perseguidos de hecho y palabra. El Reino de los cielos.
Señor, ayúdame para que las contradicciones de la vida –en las obras y en las palabras- yo las viva contigo y como Tú.
Ahí hay un tesoro: ser como Jesús: Jesús mismo.

(De Juan Manuel García Lomas s.j. Orientaciones en unos Ejercicios Espirituales)