Es el tiempo del AMOR,
minutos espaciados que son tuyos
y que tú empleas
para llenar mi corazón de Ti mismo,
disimuladamente casi siempre.
Es tiempo de silenciar mis
voces, gemidos y cantos
y estar atenta a las insinuaciones
de tu AMOR
delgado, transparente y vasto.
Tu tiempo, el día de hoy,
que será también mañana cuando lo
estemos viviendo
alertas y en espera.
Tiempo para nutrir las esperanzas,
amarrar con lazos y gotas de agua
cada sugerencia de vida,
afinar el oído por si hay llantos
que le pasaran a mi corazón desapercibidos.
Es ese tiempo de profetas
temblones pero obedientes
que se levantan y caminan
siguiendo no sé qué misteriosa
voz insistente...
Es ese tiempo de abandono
confiado
en la bondad del que llega siempre
encendiendo fuego por dentro
y que deja los pechos ardiendo...
Es tiempo de salir de mi techo,
de mi suelo, de mi puerto,
de mi huerto regado por mí misma.
Es el tiempo del AMOR,
y ya no es posible el miedo,
a pesar de la cobardía,
de la mezquindad,
de la mala hierba de los celos.
Parece que sea tu tiempo, Señor,
parece que sea mi tiempo,
parece que es el tiempo del AMOR...
Aquí tienes mis manos y mi corazón,
parece que SEA EL NUESTRO.

 

Irene del Río