Celia Méndez y Delgado

Fundadora de las Esclavas del Divino Corazón con el Cardenal Spínola.
 
Celia Méndez y Delgado nace en Fuentes de Andalucía (Sevilla), el 11 de febrero de 1844. Contrae matrimonio a los 17 años con Paulino Fernández de Córdoba y Vera de Aragón, Marqués de la Puebla de Obando. A los 30 años enviuda, siente un enorme vació que necesita llenarse de nuevo. Ninguna cosa le interesa ni le llama la atención, no le sirven las medias tintas, quiere dar un giro a su vida. Decide ir a la parroquia de S. Lorenzo a hablar con D. Marcelo, este se da cuenta de que Celia ha recibido una fuerte llamada de Dios, ambos emprenden un camino de búsqueda que en 1885 lleva a fundar las Esclavas del Divino Corazón en Coria, Cáceres.
 
En una sociedad en que la preparación de la mujer deja mucho que desear, la Congregación de Esclavas se dedica a favorecer su educación en todos los estamentos sociales de la época. Desde Coria van a Puente Genil, y luego, tras un periodo de dificultades, a Málaga donde se asientan y abren un colegio. En 1893 inauguran casa y colegio en Ronda. En 1896 en Corte Concepción, Huelva y en 1899 en Moguer… En el mismo año de 1899 las Esclavas se instalan en Sevilla y en 1903 en Linares. En 1907 hay un intento de fundación en Murcia que no llega a consolidarse. Esta casa se cierra poco después de la muerte de Celia Méndez.
Tras años de infatigable trabajo y dedicación a estas fundaciones, muere Celia Méndez en Sevilla el 2 de junio de 1908.
 
Cómo era Celia Méndez:
 
En sus principios:
 
Mujer de la alta sociedad sevillana, a los 17 años contrae matrimonio con D. Paulino Fernández de Córdoba, Marqués de la Puebla de Obando. Alternó dentro de la sociedad que le correspondió vivir, dentro de su arraigada fe cristiana. Y de sus 12 años de matrimonio pudo decir: “He gozado de cuanta felicidad ofrece la tierra”.
 
En su madurez:
 
Una mujer a quien el dolor de la muerte de su marido le abrió el horizonte de un Dios que se le presentaba como Amor Absoluto. Que fiel a su llamamiento lo dejó todo para seguirlo. Y que pudo afirmar con verdad: “nunca ha vacilado en preferir a Dios”.
 
En su nuevo camino:
 
Vivió enamorada de lo que Dios quería “Ayer oí una jaculatoria que expresa lo que deseo; dice: Voluntad de mi Dios, yo te amo; desde entonces la he repetido hasta en sueños”. Buscó apasionadamente el querer de Dios. Lo cumplió amorosamente en toda circunstancia, en todo momento, con creciente fidelidad, con renovada ilusión. “Quiero lo que Dios quiera aunque sea a costa de los mayores sacrificios, y esto no en teoría sino en la práctica”.
 
Cómo era:
 
De gran temperamento, clara inteligencia, decidida y de firme voluntad. Sincera, espontánea, generosa, respetuosa con todos, humilde, sacrificada, caritativa, llena de bondad.
 
Nos dejó:
 
El ejemplo de su vida entregada a Dios y a los hombres con generosidad, amor y deseo de comunicar a todos la Buena Noticia del Evangelio. Su espiritualidad, manifestada en el amor a Jesucristo, reflejada en su obra y en sus escritos, su comprensión y caridad con todos, su búsqueda incansable de la voluntad de Dios…
 
La Congregación de Esclavas del Divino Corazón, obra que llevó a cabo con el Beato Marcelo Spínola y Maestre, es la expresión de su celo por la educación cristiana de la juventud. Miles de jóvenes participan de su obra y su espiritualidad.
 
En 1994 se inició su proceso de canonización.
 
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