RETORNO A LAS FUENTES

Entre los criterios de renovación que el Vaticano II pidió a los Institutos de Vida Consagrada para la adaptación y renovación de la vida religiosa, figura la vuelta a los orígenes, a la fuente misma de su espiritualidad.

Como respuesta a esa orientación de la Iglesia, en el Capítulo General de 1968-69 se realizó en la Congregación, una seria investigación de los documentos primitivos de la Fundación.

En la profundización, en la búsqueda de lo más genuino, de la raíz misma de nuestro ser, las cartas de los Fundadores constituyen una de las fuentes de mayor riqueza espiritual y humana al mismo tiempo. La vida de la Congregación fluye viva en sus páginas, en la puesta en marcha y desarrollo del carisma fundacional. Yo diría también: constituyen la fuente principal para conocer el corazón de los Fundadores.

En 1935 se había hecho una edición de la correspondencia entre los Fundadores. Esta edición no corresponde a un criterio estrictamente cronológico, ni de totalidad del contenido. Debido al momento histórico se siguió un criterio más bien devocional.

El Centenario de la fundación, en 1985, reavivó el deseo de una reedición de la correspondencia, y en 1986 se hizo posible sacar a la luz el primer tomo mecanografiado de una publicación crítica de la correspondencia entre Marcelo Spínola y Celia Méndez, llamada “Retorno a las fuentes”. Ella incluye un gran número de cartas desconocidas para casi la totalidad de las religiosas de la Congregación.

La carta es la expresión del pensamiento y de la vida de la persona que escribe. Una correspondencia que a lo largo de treinta años se entrecruza entre dos personas, necesariamente ha de contener el meollo del pensamiento y la vida de las mismas.

Quienes escriben son D. Marcelo Spínola y Celia Méndez, Madre Teresa del Corazón de Jesús. Dos vidas identificadas en una aspiración: La glorificación del Corazón de Cristo.

La finalidad que impulsa esta correspondencia es la búsqueda incansable de la Voluntad de Dios en si mismo y en la obra que emprenden; la docilidad absoluta a las mociones del Espíritu. Y su objetivo primordial: la obra de Dios que se llama Congregación de Esclavas del Divino Corazón, sus atisbos de existencia, su vida, la puesta en marcha de esos proyectos… la consolidación de la obra. Aspectos todos de incalculable valor, especialmente para quienes formando parte de esta obra, intentamos llevar a delante con filial fidelidad y mucho amor, no solo la obra, sino el pensamiento que le ha dado vida.

Si los escritos nos dan la espiritualidad propia y característica de la Esclava, la correspondencia nos muestra, además, la vida, la encarnación viviente de la esa espiritualidad, es decir, el modo como se ha ido engendrando y viviendo en los mil detalles, insignificantes, tal vez, de una vida ordinaria y heroica en ocasiones.

Una correspondencia no puede aislarse del contexto, del conjunto y esto tiene particular importancia en determinados aspectos.
La compenetración que entre ambos se produce recuerda la que en ocasiones se ha dado entre grandes santos y santas. No puede extrañar determinadas expresiones que, aisladas del contexto espiritual en que se dicen o no conociendo el corazón de donde parten, puedan dar lugar a equívocos o juicios erróneos.
Entre Marcelo y Celia existe una simbiosis perfecta. La obra que nace de la Iglesia es fruto de un amor apasionado a Dios en el que cada uno comparte, sin ningún protagonismo exclusivo, el don recibido del Espíritu.

A través de esta correspondencia se nos revela la Congregación realmente como obra de Dios, impulsada y sostenida por el Espíritu, y se hace patente el protagonismo tanto de Marcelo Spínola como de Celia Méndez en la puesta en marcha y consolidación de la Fundación y yo diría que incluso el importante papel de Rosario Spínola como colaboradora incondicional de los Fundadores, aun en los momentos de mayor oscuridad y duda.

Estas cartas constituyen una fuente de excepcional importancia para una historia de la Congregación, y para el conocimiento de los propios Fundadores, ya que recogen datos de primera mano, referidos con la mayor espontaneidad, verdad y sencillez.

Marcelo Spínola es el hombre del lenguaje simple y directo. Celia es la misma espontaneidad y sencillez. El lenguaje colorista y plástico y hasta el gracejo que se escapa de sus muchas expresiones propias del lenguaje coloquial, comunica a sus cartas una enorme viveza. Escriben con la naturalidad de quien mantiene una conversación. Llama la atención que escritos de tan gran altura espiritual sean a la vez tremendamente humanos.

En esta edición hay un total de 2.000 cartas frente a las 340 de la edición de 1935.

La edición tiene tres tomos correspondientes a los siguientes periodos
 
    -Marcelo Spínola, párroco auxiliar de S. Lorenzo, Obispos auxiliar de Sevilla y Obispo de Coria (1875-1886)
   
    -Marcelo Spínola. Obispo en la diócesis de Málaga (1896-1895)
 
    -Marcelo Spínola. Arzobispo de Sevilla (1896-1905)

Adentrarnos en su lectura, es adentrarnos en la vida de santidad y en la espiritualidad que por gracia de  Dios, estamos llamadas a vivir quienes formamos parte de su Obra.

La edición ha sido realizada por Hna. Eloisa Planas.

Una vez terminada la correspondencia entre los Fundadores se vio la conveniencia de ordenar todas las cartas de Rosario Spínola, por el papel que desempeño como Cofundadora y por la misión que realizó entre los Fundadores como persona totalmente identificada con ellos y depositaria de su absoluta confianza en todos los aspectos, incluso en el más intimo de su conciencia.
 
Estas cartas son un complemento al Retorno a las fuentes y ayudan a que podamos penetrarnos más íntimamente de la génesis y pensamiento que dio vida a la Congregación conociendo más a fondo a las personas que la hicieron posible.
 
Uno de los valores de esta correspondencia es que refleja un proceso de amistad, que va madurando a lo largo de los años.

A lo largo de la correspondencia hay una constante como eje transversal, permanece invariable: la total adhesión a la Voluntad de Dios, manifestada en los mil acontecimientos de la vida. En Rosario, sobre todo, la expresión “Dios lo quiere…, ¡Paciencia! es una expresión que repite hasta la saciedad, manifestando su incondicional adhesión al querer de Dios.

Siendo dos temperamentos distintos existe una total compenetración; les caracteriza la confianza, la transparencia y la sinceridad con que se expresan mutuamente sus sentimientos y deseos, siempre identificados entre sí y con Marcelo, como eje de referencia en la búsqueda de la santidad.

Se publican en Madrid en 2005. Prepara la edición Hna. Eloisa Planas.