Presentación del Capítulo en Ecuador

La ciudad de Quito nos recibe con esa centralidad física que da el sentido universal de poder poner un pie en el hemisferio norte y un pie en el hemisferio sur. Calor entrañable  y cumbre de los Andes, fraternidad, encuentro de la Delegación completa. Ocho españolas y siete ecuatorianas, signo de vida, de que la Congregación ha fecundado esta misión y que la alegría juvenil de las nativas que se sienten Esclavas de verdad se complementa con las veteranas españolas que a 14.000 Kms de su suelo realizamos esta misión. Rosario y Fátima nos traen la vida nueva  que ha engendrado ese XIX Capítulo General para invitarnos a hacerlo nuestro.

Comenzamos la reunión el sábado por la mañana con la exposición de las Conclusiones alternada con reflexión personal, oración comunitaria, celebración de la Eucaristía y todo un ambiente que unifica nuestra fraternidad de esclavas y fortalece nuestra pertenencia a la Congregación.

Un paseo nocturno recorriendo la ciudad de Quito iluminada y llegando a la cumbre del Panecillo que preside la estatua de la Virgen María de tamaño gigante, réplica del escultor Ledgarda. Nos hace sentirnos esclavas que bajo la protección de María son capaces de subir a la cumbre.

Bromas, anécdotas, comentarios y sobre todo ambiente de ilusión de quien estrena una nueva etapa congregacional en la que el Capítulo nos invita a vitalizar y fortalecer todo ese manantial de energía que brota del corazón de Cristo y nos invita a ser cauces de su propagación en cada una de las comunidades y obras apostólicas en las que nos realizamos desde nuestra identidad de consagradas.

Al final del encuentro una evaluación totalmente positiva en la que sentimientos, buenos deseos, proyectos y gratitud sustentan una especie de nuevo envío. Esclavas del Divino Corazón en el centro del mundo, Ecuador, haciendo congregación y agradeciendo profundamente lo que ha significado este encuentro fraterno.
 
Mª José Glez-Blanch, adc.