A propósito de unos 25 años...

Bodas de Plata en Quito



"En la obra de la educación no son sólo las manos y la inteligencia las que toman parte, sino que es el corazón." (Marcelo Spínola)

Celebrar las Bodas de Plata es un acontecimiento profundamente significativo. Significa custodiar una preciosa herencia histórica y espiritual y poseer la gracia de hacerla reflorecer. Es una invitación a reunirnos para mirar y profundizar la trayectoria de un hombre, Marcelo Spínola (M.S.) que, inspirado e iluminado por Cristo, supo vivir y difundir con claridad el contenido y la praxis de un nuevo estilo de vida, vivido a la luz del Evangelio.

A veinticinco años de distancia, queremos volver a expresar el testimonio y la fuerza de la fe de un grupo de religiosas Esclavas en el valor de la educación como servicio urgente e improrrogable para superar el drama de la ruptura entre el Evangelio y la cultura (Evangelii nuntiandi, 20).

Cristo es el punto de referencia constante del maestro cristiano. Sólo Jesucristo es la respuesta adecuada y última a la pregunta suprema sobre el sentido de la vida y de la historia.

Marcelo Spínola siente esa sana inquietud por la educación de los jóvenes, de ahí sus esfuerzos por defender la dimensión social de la educación. Crea un colegio parroquial en San Lorenzo, Sevilla.

Siendo ya obispo, funda la Congregación de Esclavas del Divino Corazón “una de sus obras más queridas” para la educación cristiana de la juventud.

Marcelo Spínola concibe al educador,

“como un guía que conduce a su alumno por los senderos de la vida, a fin de que se enriquezca con los tesoros que en ellos se encuentra y los derrame sobre los demás”

“Es necesario pues que reprendamos y que lo hagamos con entereza cuando sea menester, pero siempre con calma, con serenidad, con paz, con humildad”.

Gracias a los PP. Jesuitas por confiar en nosotras y brindarnos la posibilidad de trabajar en Fe y Alegría. Cabe mencionar al P. Julio Tobar como Director en ese tiempo de la obra que nos recibió; al P. Juan Valpuesta, quien facilitó nuestra presencia en Ecuador, y ya más en el tiempo a los sacerdotes de la Parroquia San Ignacio de Loyola por colaborar, semana a semana, con la educación de la fe de nuestros estudiantes.

Gracias por invitarnos hace 25 años a hacernos parte del sueño del P. José Ma. Vélaz, quien dice que “La educación de Fe y Alegría no puede ser “una pobre educación para los pobres”, sino que tiene que ser una educación de calidad, “la mejor educación para los más pobres”, una educación integral que forme a la persona en su totalidad.  

El P. José Ma. Vélaz dice: “Sin las Religiosas, Fe y Alegría sería diez veces menor de lo que actualmente es. La eficacia de la “persona consagrada” es insustituible. Por eso debe ocupar puestos de coordinación y dirección de muchos. (Temario indicativo…, 1978).

Gracias a todas las hermanas que han hecho posible, con su esfuerzo y dedicación permanentes, el crecimiento de este centro educativo, a las hermanas que continúan acompañando esta labor; gracias al grupo de docentes que han hecho y hacen posible que este centro siga creciendo y goce de la confianza de las familias  que tienen a sus hijos/hijas aquí.

Gracias a las familias que nos han brindado y nos siguen brindando su confianza y apoyo.

Gracias a todas las Instituciones por apoyar esta obra a través de dar respuestas a las inquietudes planteadas a ellos en su momento.

Gracias, en definitiva, a nuestra Congregación, por acoger la voz del Señor que dice “Id por el mundo entero y predicad el Evangelio”.

PENSAMIENTO FINAL

Termino con un pensamiento del P. J. Ma. Vélaz: “Si quieres realizar una obra que dure un año, siembra una semilla. Si quieres realizar una obra que dure diez años, planta un árbol. Si quieres realizar una obra que dure cien años, educa al pueblo. El que le da un pescado a un amigo, le da de comer una vez. El que le enseña a pescar, le da de comer para siempre. (Doce pequeñas charlas para la radio, 1968).

Graciela Arízaga, ADC

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