Testimonio ADC Irene

Me preguntan que por qué me hice Esclava y siento que tengo que remontarme a hace ya algunos años y a la vez sencillamente conectar con un fuego que sigue vivo y se mueve hoy dentro de mí.

Me hice Esclava porque hubo un tiempo en el que un Tú (Dios), sorprendente, entonces desconocido, se me puso por delante y me pedía con fuerza ser conocido. Recuerdo que todo empezó en BUP, en el silencio de las Marchas Montañeras. 15 minutos de silencio al comienzo de la caminata. Y entre distracciones y el sonido de las pisadas de la de delante fue naciendo dentro de mí una experiencia diferente y nueva: hay Alguien que cuando yo me callo habla, parece que le importo, me habla no sé qué de amor… y ese Tú por dentro fue como atrapándome, así, mes a mes, como quien no quiere la cosa. Un Tú que me hacía feliz por dentro y me generaba pasión por la vida, por las personas, por el mundo… como una manera nueva de estar en la realidad.

Junto a esto, fui descubriendo cómo la vida de las monjas de mi colegio, las Esclavas, concentraba ese hambre de Tú que yo sentía por dentro. Ellas lo conocían y yo intuía que vivían por Él. También descubría que vivían felices con poco, que había pasión en sus planteamientos, en sus opciones, también descubrí la pasión en sus miradas. Ser Esclava me hablaba de pertenecerle a ese Tú y de vivir para los demás con pasión… ¡y eso conectaba con lo que yo poco a poco iba notando por dentro!

Hoy, después de unos cuantos años, sigo teniendo ese mismo fuego por dentro y ese Tú, siempre Mayor, me pide ser más conocido, más amado, más entregado, más anunciado. El Reino, que es la lente desde la que entiendo el mundo y la realidad, se me va haciendo cada vez más real y también más hondo.  A veces parece que me voy enterando más con el alma que es eso de ponerme a caminar con el Tú y el Reino en el horizonte, otras me vivo despistada y con cansancios… pero tengo que reconocer que siempre me sorprendo como imantada por Él y en camino, junto a otras pisadas hermanas Esclavas, que me ayudan a no perder el ritmo y a sentirme día a día acompañada.

Irene del Río Merchán ADC.

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