Reflexionando a cerca de la pregunta yo sentí la alegría que me envuelve, una alegría que brota del pensamiento de “cuán bendecida soy”, bendecida por haber sido llamada.

Pero… ¿Por qué digo que mi llamada es un don?

Con todo lo que he  experimentado desde el día en que me permití escuchar la voz Del

Señor pidiendo mi “sí”, puedo decir que es de verdad un don.

Primero, porque no estaba en mí, sino en  Él. Él fue quien tomó la iniciativa. A través de mi experiencia y de personas que han pasado en mi vida le revelaban y manifestaban que Él me amó primero. Llena de este amor, no podía quedarme sin devolverle tanto amor, aunque ese amor no espera que yo devuelva nada.

No solo puedo decir que es un don, sino también un tesoro, un tesoro revelado a quienes buscan y cuando lo encuentras, una está dispuesta a abandonar todo, incluso a sí misma, tesoro que lleva a una a hacer “locuras” a los ojos del mundo.

Y además, es un don gratuito ya que no requiere cumplir con las demandas o criterios del mundo: éxito, poder, dinero, etc. Dios me llamó sin importarle “quién soy”. Me llamó en mi totalidad; con mis dones, mis posibilidades, debilidades, vulnerabilidades, limitaciones, pequeñez y pecados.

Finalmente, esta es la belleza de mi vocación: cada día es una llamada, todos  los días son una garantía de que su amor es mayor/grande que mis debilidades, su plan de bendecirme es más grande que todos  mis errores juntos, que Él está trabajando, transformando mi corazón para que poco a poco se parezca al Suyo.

Elmor