Desde que hice los EE.EE en febrero quise que el tono fuera en torno a la celebración de las bodas de plata que celebraba en este año. La verdad es que el Señor estuvo “comunicativo” y disfruté. Más adelante, cuando eran las novicias las que estaban de ejercicios (en Julio) también dediqué un tiempo de retiro para celebrar con el Señor nuestra alianza.

Esta celebración está muy empañada con la falta de Victoria, para quien no la conozca le digo que era mi amiga del alma, entramos y profesamos juntas, y después nos hemos acompañado mutuamente en este camino de seguimiento. El año pasado, en muy poco tiempo, murió de cáncer. Ella estaba esperando la fecha con ilusión y planificando cómo hacer para poder estar las tres (Victoria, Joy y yo), hasta propuso que la Conferencia General fuera en Angola para así coincidir. Se me hacía muy duro pensar en este aniversario sin ella aunque entendía que no faltábamos el Señor y yo, al fin y al cabo los protagonistas de mi consagración. Vivía una sensación agridulce que he leído como una invitación a mayor intimidad con el Señor, pero que me costaba.

Los días previos a la celebración en Manta, vi a las hermanas tan volcadas que deseé de verdad ponerme a tono por agradecimiento a ellas, por la acogida del pueblo ecuatoriano, por el cariño con que estaban las novicias, y sobre todo, por agradecimiento al Señor por tanta fidelidad en estos 25 años...

Tengo que decir que fue un día muy bonito, no me lo esperaba porque quiera que no, a la gente de Manta no la conocía tanto (he estado viviendo en Quito), no es la que ha recorrido conmigo todo este tiempo, pero se nota que era gente querida de la Congregación y fue entrañable. Me harté de llorar desde que empezó la misa con emociones encontradas (no pude leer la lectura): la ausencia de Victoria, la de mi padre (que aparecía varias veces en el video que nos pusieron), la belleza de lo que celebrábamos, la fidelidad del Señor, su paciencia, su cariño. Y también el celebrarlo con Lourdes a quien admiro y tanto cariño le tengo. Me sentí en casa y con mi Señor.

El sacerdote que celebró es un antiguo alumno de nuestro colegio de Portoviejo que nos tiene mucho aprecio (Raúl se llama), estuvo genial, muy cariñoso, cercano, agradecido, campechano y profundo a la vez y transmitiendo una imagen muy bonita de nuestra vida.
Doy gracias al Señor y quizás también a ti que me lees, por la parte que te toca en esta historia.

Adjunto y comparto contigo la acción de gracias que leí en el salón.


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Un jueves, en una reunión de comunidad, viendo el calendario de verano me dice una hermana: hemos estado viendo la celebración y hemos pensado que tú digas la acción de gracias en el programa después de la misa. Desde el agradecimiento que siento por mi vocación y el que siento a la Delegación por la acogida y celebración ¿qué voy a decir? ¡Ah, muy bien, lo haré!

Pero cuando me dispongo a prepararla me viene el lío: ¿gracias de mi parte? ¿gracias de parte de las tres? ¿qué querrán Lourdes y Carmen agradecer? ¿y será dar gracias a Dios por el aniversario que celebramos o a los asistentes por acompañarnos? ¡Madre mía qué lío!

Me dije: “mira Fátima, déjate llevar por el corazón y a ver si sale algo. Empieza a escribir que ya el Señor te ayudará a seguir” y así hice.

Desde el corazón me brota y creo que también a mis hermanas Carmen y Lourdes, un GRACIAS en mayúsculas, subrayado y en negrita al Señor, el gran protagonista de nuestra historia y de esta celebración. GRACIAS POR ESTA HISTORIA DE AMOR.

Ha tenido el arte de conquistarnos, sostenernos, aguantarnos, trabajarnos,…

Como a cada uno de los que estamos aquí, pensó en nosotras desde antes de nacer, nos vio crecer, fue acompañando nuestra historia conociendo lo que había en el fondo de nuestro corazón.

Caminó a nuestro lado a través de muchas mediaciones: nuestras familias las primeras, amigos, catequistas, religiosas, sacerdotes… y muchos hermanos y hermanas en el Señor de los que se valió para dejarse amar y mostrarnos su amor.

Hemos sentido muchas veces nuestra pobreza: inconstancias, egoísmos, infidelidades… pero Él ha permanecido fiel, paciente, amoroso, atrayéndonos una y otra vez a sí.

Seducidas por su bondad dijimos sí hace unos años y muchos cientos de veces desde entonces, convencidas, como el hijo pródigo, de que en las caídas nos iba a acoger amorosamente y sin condiciones haciéndonos sentir una y otra vez "hijas amadas”.

El Señor es el mejor, todos lo sabemos, y por eso nosotras quisimos pertenecerle sólo a Él diciendo como María “He aquí la Esclava del Señor”, cuenta conmigo para lo que necesites.


Nos encomendó la hermosa tarea de ser medición de su amor, de anunciar su amor personal a aque-llos con quienes nos relacionemos.

Esa ha sido nuestra vida hasta el momento, un intento de respuesta agradecida a tanto bien recibido como decía nuestro padre fundador, anunciando ese amor, a veces de manera directa en clases, catequesis… y a veces como María o como Jesús en sus 30 años de Nazaret, intentando hacer bien lo pequeño de cada día, como decía nuestra fundadora: “ser extraordinarias en lo ordinario” con la confianza de que una vida sencilla, con amor, que se ofrece con el Señor repercute de alguna manera en el bien de los que sufren y de toda la humanidad.

Entre esas manifestaciones de apoyo y cariño del Señor están ustedes:

-    El pueblo de Ecuador que, consagrado al Corazón de Jesús, tiene un ambiente en el que se respira una fe sencilla y profunda, puesta la confianza en el Señor que anima y motiva.
-    Familiares y amigos, cuna donde nacen las vocaciones y apoyo que ayuda a nuestra fideli-dad.
-    Hermanas de Congregación, nuestra segunda familia, el gran regalo del Señor.
-    Jóvenes, compañeros… con quienes caminamos y a quienes el Señor nos envía.
Gracias por sus detalles, por su confianza, por su cariño. Gracias por unirse a nosotras en este canto agradecido, si somos más con más fuerza podemos celebrar este amor recibido de Dios.

Pidan por nosotras y ayúdennos exigiéndonos que seamos evangélicas y que vivamos con fidelidad al gran don que hemos recibido del Señor para colaborar con su misión.


Como dice el profeta Miqueas: para que amemos con ternura, practiquemos la justicia y caminemos humildemente con nuestro Dios.

GRACIAS