El día tres de agosto en Quito en la Parroquia de San Ignacio de Loyola en Solanda manifestamos públicamente nuestros deseos de consagrarnos enteramente al Señor. Emitimos emitido nuestros primeros votos (que son de carácter temporal pero en nuestros corazones ya llevan el deseo de que sea para siempre) en una solemne ceremonia rodeadas por todos aquellos que formaron parte de nuestro caminar a lo largo de estos dos años en Ecuador: hermanas, amigos, profesores,  catequistas y los diversos destinatarios de nuestra misión.

La ceremonia fue presidida por un joven párroco exalumno de nuestro Colegio en Manta, apasionado por la Vida Religiosa y buen promotor  vocacional, concelebrando con el actual Párroco, sacerdote jesuita y dos hermanos suyos de comunidad.

Tras la emocionante ceremonia religiosa recibimos a nuestros invitados en el salón del Centro Cardenal Spínola, en un ambiente familiar y sencillo pero de buen gusto y  lleno de detalles que de veras llegaban al corazón; comprobando la entrega, la cercanía y la generosidad  de aquellos que nos quieren y que nosotras también queremos y con quienes deseamos compartir ese momento especial y único de nuestras vidas.

La alegría fue mutua expresada a través de la música, del baile, de las ‘’palabritas’’ típicas de los ecuatorianos... y la secuencia;  con las llamadas continuas, con las felicitaciones y  bendiciones deseando que seamos fieles y que permanezcamos en Él.

En verdad el tiempo ha pasado; pero estoy segura de que guardaremos para siempre en un rincón bien especial,  bonitos recuerdos de aquel día e intentaremos actualizar siempre  aquella alegría por haber sido  consagradas  y  poder compartir con otros nuestra vocación.

Todo pasa, sólo el amor de Dios permanece, y es él quién seguirá impulsando nuestra búsqueda, ensanchando nuestro corazón, poniéndonos en marcha y alimentando en nosotras el deseo de que sea para siempre.

‘’YO NO, PERO TÚ...’’ 
  
Y si el camino esté difícil, recordaremos
         
                 ‘’TODO LO PUEDO EN EL’’