Canto
Salmo
Bendigo al Señor en todo momento
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.
Gustad y ver qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.
del salmo 33
Lectura
Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios nos envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo para el perdón de nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
1 Juan 4,7-12
Jesús dice: «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.»
Mateo 13,44-46
Canto
Silencio
Oración de Intercesión
Por todos los que anuncian fielmente tu Palabra, te pedimos Señor.
Haznos capaces de reconocer tu presencia en nuestro prójimo; que estemos atentos a los pobres y a los desdichados.
Señor, te pedimos por los que sufren en su lugar de trabajo, por los que están sin empleo, por el respeto de su dignidad.
Por los prisioneros y los olvidados de la sociedad; haznos solidarios de su sufrimiento, a ti, el Consolador, te pedimos.
Por los científicos y los investigadores, para que su trabajo sirva a toda la humanidad, te pedimos.
Por los que tienen responsabilidades en la vida pública, para que trabajen con honestidad y para el bien de todos, te pedimos.
Para que en tu Iglesia seamos signos del amor fraterno, te pedimos.
Padrenuestro
Oración
Dios de todos los vivientes, haznos capaces de abandonarnos en ti, en el silencio y el amor. Abandonarse en ti no es algo habitual en nuestra condición humana. Pero tú intervienes hasta en lo más íntimo de nosotros mismos y quieres para nosotros la claridad de una esperanza.
Bendícenos, Cristo Jesús, tú que vienes siempre a nuestro lado, allí donde estamos.
Cantos
En esto hemos conocido lo que es amor: en que Jesús dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad, y tranquilizaremos nuestro corazón ante El, en caso de que nos condene nuestro corazón, pues Dios es más grande que nuestro corazón y conoce todo.
1 Juan 3,16-20
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»
Mateo 11,25-30
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.
alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas.
Alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
todo ser que vive y respira alabe al Señor por siempre.
Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia, y está sentado a la diestra del trono de Dios. Fijaos en aquel que soportó tal contradicción de parte de los pecadores, para que no desfallezcáis faltos de ánimo.
Jesús dice: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.»
Con los profetas y todos los que han preparado tu venida: te bendecimos, Señor.
—¡Gloria a ti, Señor!
Con la Virgen María, nuestra alma exalta al Señor.
—¡Gloria a ti, Señor!
Con los apóstoles y los evangelistas, Señor, te damos gracias.
—¡Gloria a ti, Señor!
Con los mártires de la fe, Señor, te consagramos nuestra vida.
—¡Gloria a ti, Señor!
Con todos los santos testigos del Evangelio, Señor, te adoramos.
—¡Gloria a ti, Señor!
Con toda tu Iglesia, extendida a través del mundo, Señor, te aclamamos.
—¡Gloria a ti, Señor!
Tú, el Dios eterno, salvador de toda vida, como los santos testigos de Cristo de todos los tiempos, desde los apóstoles y María hasta los creyentes de nuestros días, concédenos disponernos interiormente, día tras día, a confiar en el Misterio de la Fe.
Dios vivo, te alabamos por la multitud de mujeres, hombres, jóvenes y niños que, a través de la tierra, buscan ser testigos de paz, de confianza y de reconciliación.
Alaba, alma mía, al Señor :
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
Dichosos a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él ;
El mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan.
el Señor guarda a los peregrinos,
sustenta al huérfano y a la viuda
El Señor ama a los justos,
y trastorna el camino de los malvados.
el Señor reina eternamente,
el Señor, tu Dios, de edad en edad.
San Pablo escribe: Por eso doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, para que os conceda, según la riqueza de su gloria, que seáis fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios.
Muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»
Dios, nuestro Padre, tú nos reúnes en la comunión de tu Iglesia: haznos vivir de tu amor.
Dios, nuestro Padre, tu llamada y tus dones son irrevocables: haznos vivir de tu amor.
Hijo del Dios vivo, tu fidelidad nos permite ser siempre fieles: haznos vivir de tu amor.
Hijo del Dios vivo, tú conoces nuestras pruebas y nuestra pobreza: haznos vivir de tu amor.
Espíritu Santo, en nuestras vidas tú infundes un deseo de paz y de justicia: haznos vivir de tu amor.
Espíritu Santo, tu camino nos lleva hacia todos aquellos que sufren en nuestra sociedad: haznos vivir de tu amor.
Espíritu Santo, tú has depositado en nuestro corazón dones para ser creadores de comunión: haznos vivir de tu amor.
Cristo Jesús, haz que nos forjemos un corazón decidido para que te seamos fieles. Tú, el Resucitado, proyectas sobre nosotros la luz de tu perdón. Este es el don perfecto. Y, cuando nos atrevemos a perdonar, se despierta en nosotros la alegría de Dios.
Jesús, nuestra paz, procúranos la alegría más grande: tener los mismos pensamientos, el mismo amor, una sola alma.
Señor, tú me sondeas y me conoces,
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos.
Distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.
¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada ?
Si escalo el cielo, allí estás tú ;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro.
Si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.
Si digo : « Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí »,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.
San Juan escribe: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es. Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.
Jesús dice: «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
Cristo resucitado, tú colmas nuestra vida con tu compasión para que te busquemos siempre.
Cristo resucitado, tú conoces nuestra espera: condúcenos por el camino eterno.
Cristo resucitado, te pedimos por los que empiezan a conocerte.
Cristo resucitado, te pedimos por quienes no pueden creer: tú ofreces siempre tu amor.
Cristo resucitado, eres el apoyo de quienes conocen dificultades y desánimos: condúcenos por el camino eterno.
Cristo resucitado, te pedimos por los que han sido víctimas de violencias y humillaciones: ven a curar sus heridas.
Cristo resucitado, tú nos guías con tu Espíritu: reúne a todos los pueblos en tu Reino.
Jesús, nuestra alegría, con tu continua presencia en nosotros, nos llevas a dar nuestra vida. E incluso si te olvidamos, tu amor permanece, y envías sobre nosotros el Espíritu Santo.
Bendícenos, Jesucristo, tú que nos das dónde descansar nuestro corazón.
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar :
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
« El Señor ha estado grande con ellos. »
El Señor ha estado grande con nosotros
y estamos alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del desierto.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iba llorando,
llevando la sevilla,
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.
San Pablo escribe: Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. (...) Ahora subsisten la fe, la esperanza y el amor, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es el amor.
o
En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de las personas, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
Por los que están lejos de su hogar: los emigrados, exiliados, las víctimas de la opresión, te pedimos Señor.
Por los que tienen una dificultad, por los que necesitan ayuda y misericordia, te pedimos.
Por todos los que estamos reunidos aquí, para que permanezcamos atentos a quienes nos son confiados, te pedimos.
Para que seamos liberados de toda angustia, te pedimos Señor.
Para que aprendamos a compartir mejor los bienes de la tierra entre todos, te pedimos.
Para que en nosotros se renueve el asombro ante tu creación, te pedimos Señor.
Para que encontremos luz y ánimo en el misterio de comunión que es la Iglesia, te pedimos.
Jesús, nuestra paz, tú nunca nos abandonas. El Espíritu Santo siempre nos abre un camino, el de lanzarnos en Dios como en un abismo. Y sobreviene el asombro: este abismo no es un precipicio de tinieblas, sino que es Dios, abismo de compasión e inocencia.
Bendícenos, Señor Cristo, tú que apaciguas nuestro corazón cuando surge lo incomprensible, el sufrimiento de los inocentes.
Levanto mis ojos a los montes :
¿de dónde me vendrá el auxilio ?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guardas tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
San Pedro escribe: Os hemos dado a conocer el poder y la Venida de nuestro Señor Jesucristo, no siguiendo fábulas ingeniosas, sino después de haber visto con nuestros propios ojos su majestad. Porque recibió de Dios Padre honor y gloria, cuando la sublime Gloria le dirigió esta voz: «Este es mi Hijo muy amado en quien me complazco.» Nosotros mismos escuchamos esta voz, venida del cielo, estando con él en el monte santo. Y así se nos hace más firme la palabra de los profetas, a la cual hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que luce en lugar oscuro, hasta que despunte el día y se levante en vuestros corazones el lucero de la mañana.
Habiendo entrado en Jericó, Jesús atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también este es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»
Dios, Creador y Salvador, fuente de paz para toda la tierra: sé hoy nuestra vida.
Cristo, tú nos llamas a compartir con los demás; unifícanos en tu amor.
Cristo, nuestro Pastor, tú vienes a buscar a los que están perdidos, visitas a los abandonados, a quienes están solos: vivifica su esperanza.
Espíritu Consolador, tú depositas en nosotros una esperanza y una alegría: cólmanos con tu amor.
Espíritu Consolador, tú suscitas en nosotros un amor que perdona: ven a nosotros, Espíritu Santo.
Señor Cristo, haz que tengamos los ojos puestos en ti en todo momento. Con frecuencia olvidamos que estamos habitados por tu Espíritu Santo, que rezas en nosotros, que nos amas a todos. Tu milagro en nosotros es tu confianza y tu continuo perdón.
Tú nos bendices, Jesús el Resucitado, a nosotros que quisiéramos vivir de tu confianza hasta el punto de que las fuentes del júbilo nunca se agotan.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños has sacado una alabanza.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?
Le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.
Señor dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!
El Señor dijo a Abraham: «Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan, (...).
Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra.» Marchó, pues, Abraham, como se lo había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Tenía Abraham setenta y cinco años cuando salió de Jarán.
Viendo la muchedumbre, Jesús subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Felices los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Felices los que lloran, porque ellos serán consolados. Felices los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Felices los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Felices seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»
Para que tu paz resplandezca en medio de nosotros y que tu amor libere nuestras vidas, te lo pedimos Señor.
Haznos capaces de perseverar en la fe y pon en nuestros corazones el deseo de tu Reino.
Guía a tu Iglesia por el camino del Evangelio, que tu Espíritu Santo la guarde acogedora.
Te pedimos por los responsables de los pueblos, para que tengan la voluntad de promover la justicia y la libertad.
Oh Cristo, tú has tomado nuestras imperfecciones, te has hecho cargo de nuestras enfermedades; sostén a los que atraviesan por una prueba.
Por quienes están al servicio de los oprimidos, de los extranjeros, de los que se encuentran aislados, te pedimos.
Te confiamos a nuestras familias, a todos los que nos han pedido que recemos por ellos y que rezan por nosotros.
Por nuestro país, nuestra región (nuestro pueblo, nuestra ciudad,...), para que los cristianos sean testigos de esperanza y artesanos de unidad, te pedimos.
Jesús, nuestra alegría, tú quieres para nosotros un corazón muy sencillo, como una primavera del corazón. Entonces, las cosas complicadas de la existencia nos paralizan menos. Tú nos dices: no te preocupes, incluso si tu fe es muy pequeña, yo, Cristo, permanezco siempre contigo.
Bendícenos, Cristo Jesús, sólo en ti nuestra alma descansa en paz.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.
Él me protegerá en su tienda
el día del peligro,
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca.
En esto hemos conocido lo que es amor: en que Jesús dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad, y tranquilizaremos nuestro corazón ante El, en caso de que nos condene nuestro corazón, pues Dios es más grande que nuestro corazón y conoce todo.
o
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»
Dios, nuestro Padre, llena nuestras vidas con tu compasión, para que vivamos en la generosidad del perdón.
Por quienes no pueden creer, y dan su vida al servicio de los demás, te pedimos.
Por la Iglesia, fermento de comunión: Señor, haz que resplandezca en ella tu rostro.
Oh Cristo, luz de lo alto, ven a visitar a los que están en las tinieblas: muéstrales el camino de tu amor.
Sé el apoyo de los que conocen dificultades y desánimos, tú que eres fuente de confianza y de vida.
Guíanos con tu Espíritu para cumplir la voluntad de tu amor, danos un corazón nuevo.
Jesús, nuestra paz, si nuestros labios permanecen en silencio, nuestro corazón te escucha y también te habla. Y tú dices a cada uno: abandónate simplemente a la vida del Espíritu Santo, tu poca fe basta.
o
Bendícenos, Cristo Jesús, tu amor por cada uno de nosotros nunca desparecerá.
Canto
Salmo
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de sus fieles ;
que se alegre su pueblo por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras ;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la salvación a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas :
con vítores a Dios en la boca…
honor para todos sus fieles.
del salmo 149
Lectura
San Pablo escribe: Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras: que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras, que se apareció a Cefás y luego a los Doce.
1 Corintios 15, 3-5
Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que estaba a dos horas de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le reconocieran. (…) El les dijo: «¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Lucas 24, 13-16, 26-32
Canto
Silencio
Oración de Intercesión
Cristo, nacido del Padre antes de todos los siglos, y que te has encarnado en nuestra humanidad, tú has resucitado por nosotros; te adoramos.
—¡Gloria a ti Señor!
Hijo de Dios, Fuente de vida, invocamos tu bondad sobre nosotros y sobre toda la familia humana.
—Escúchanos, Señor de gloria.
Haznos vivir de tu vida y caminar como hijos de la luz, en la alegría de Pascua.
—Escúchanos, Señor de gloria.
Aumenta la fe en tu Iglesia, con el fin de que ella dé fiel testimonio de tu resurrección.
—Escúchanos, Señor de gloria.
Consuela a todos los que están abatidos, y graba en su corazón tus palabras de vida eterna.
—Escúchanos, Señor de gloria.
Consolida a los débiles en la fe, y revélate a los corazones que dudan.
—Escúchanos, Señor de gloria.
Fortalece a los enfermos, sostén a los ancianos y tranquiliza a los moribundos con tu presencia que salva.
—Escúchanos, Señor de gloria.
Padrenuestro
Oración
Tú Cristo, el Resucitado, escuchamos tu apacible voz en el Evangelio. Tú nos dices: ¿Por qué os preocupáis? Una sola cosa es necesaria: un corazón a la escucha de mi Palabra y del Espíritu Santo.
Cantos
“A unos que se tenían por justos y despreciaban a los demás les dijo Jesús esta parábola: ‘Dos hombres fueron al templo a orar; uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, de pie, hacía en su interior esta oración: Dios mío, te doy gracias porque no soy como el resto de los hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano; yo ayuno dos veces por semana y pago los diezmos de todo lo que poseo. El publicano, por el contrario, se quedó a distancia y no se atrevía ni a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador. Os digo que éste volvió a su casa justificado, y el otro no. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”. (Lc.18, 9-14)

• Cuando las noches llegan al corazón, ¡Gracias, Señor, por las estrellas!
• ¿De cuántas formas sabes decirme que me quieres? ¿de cuántas formas sé decir a otros que los quiero?
• Muchas veces es cuestión de saber ver. ¡Sé que estás!
• Toda la creación trabaja para ti, y tu amor lo derrochas siempre en ella.
• ¡Qué divertido eres! Siempre jugando al escondite, creando acertijos e incluso invitándonos a dibujarte en el firmamento.
• El pasa-tiempo de mi vida: ¡ver a Dios en todas las cosas! El mejor pasa-tiempo: ¡anunciar tu amor en los rincones oscuros del mundo!
• Cuando ya no puedo más, me canso, y mi noche se echa encima,… tu siempre apareces.
• Hay gente con una especial inteligencia para encontrarte siempre y descubrir tu presencia. ¡Gracias, Señor, por estas personas!
• En las noches de otros ¡Señor, que sepa ser estrella!
• Cuando se hace de noche y la vida pierde luz, el corazón reclama una palabra: “te quiero”
• Y cuando mires las estrellas piensa: Madrid, Japón, Argentina, Angola, Venezuela, … , todos bajo el mismo cielo, bajo el mismo Dios.
• Y a ti ¿qué te sugiere?
Te esperaré mi buen Amante
a que vengas y me des un abrazo
y traigas toda tu ropa para quedarte.
Te esperaré. Eso es lo único
que puedo hacer hoy.
Desde que no estás aquí,
conmigo,
puedo hacer muy pocas cosas…
he olvidado
las formas del AMOR,
del color, del día,
de la música…
por eso, solo puedo ESPERARTE
y no desesperar
en mi ESPERA,
sangrante y agitada a ratos,
rendida y anhelante otras veces…
Necesitada de Ti SIEMPRE.Irene del Río
CantoSalmo
Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado ? ;
a pesar de mis gritos,
mi oración no te alcanza.
De día te grito, y no respondes ;
de noche, y no me haces caso.
Aunque tú habitas en el santuario,
esperanza de tu pueblo.
En ti confiaban nuestros padres ;
confiaban, y los ponías a salvo ;
a ti gritaban, y quedaban libres ;
en ti confiaba, y no los defraudaste.
Pero yo soy un gusano, no un hombre,
vergüenza de la gente, desprecio del pueblo ;
al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza :
« Acudió al Señor, que lo ponga a salvo ;
que lo libre si tanto lo quiere. »
Tú eres quien me sacó del vientre,
me tenías confiado en el regazo de mi madre ;
desde el seno pasé a tus manos,
desde el vientre materno tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, que el peligro está cerca
y nadie me socorre.
del salmo 21
Lectura
El Siervo del Señor creció como un retoño delante de Dios, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; le vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta. ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus heridas hemos sido curados.Isaías 53, 2-5
Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre.»
Mateo 26, 26-29
Canto
Silencio
Oración de alabanza
Cristo Salvador, como la semilla que cae en tierra, tú has conocido la muerte. Unida a ti, nuestra vida dará mucho fruto.
—¡Alabado seas Señor!
Cristo, tú has descendido a lo más bajo de nuestra condición humana, y permaneces cerca de los que han sido abandonados.
—¡Alabado seas Señor!
En tu amor, tú has cargado con nuestros pecados; inocente, has padecido la muerte para arrancarnos a la muerte.
—¡Alabado seas Señor!
Con tu amor has vencido el mal y el odio, y vives para siempre junto al Padre.
—¡Alabado seas Señor!
Tú nos escuchas porque eres bueno y nos visitas en la desgracia; colma nuestro corazón revelándonos la luz de tu rostro.
—¡Alabado seas Señor!
Padrenuestro
Oración
Cristo, tú lo das todo, das tu vida y también tu perdón que nunca nos dejará. Y nuestra respuesta es como un balbuceo: tú, Cristo, sabes que te amo, quizás no como yo quisiera, pero te amo.
Jesús, alegría de nuestros corazones, tú permaneces a nuestro lado como un pobre y también como el Resucitado. Quieres que seamos personas llenas de vida. Y cada vez que se produce un distanciamiento entre tú y nosotros, nos invitas a seguirte permaneciendo muy cerca de ti.
Bendícenos, Cristo Jesús, tú que, abrumado por las penas, no amenazabas a nadie. Tú vienes a curar con tu compasión.
Cantos
El misterio permanece
mas a mí hoy te revelas
de una forma tan sencilla
que mi fe y amor alientas.
Amor del Padre, que quiere
Darme un camino hacia El;
al Hijo, que muy cercano
me muestre cómo acceder
y poder más conocerle
para a su amor responder,
mostrándome en mi lenguaje
su pensamiento y su hacer.
Más al ser tan limitada
no siempre sé comprender
y necesito por dentro
una luz que me haga ver
no con los ojos humanos,
que el corazón ha der ser
el que los abra muy grande
en espíritu y en fe.
Es el Espíritu bueno,
el del Padre y de Jesús
que con sus dones y frutos
me penetre con su luz .
Gloria al Padre, gloria al Hijo
y al Espíritu de Amor.
Que toda la tierra cante
las grandezas de este Dios.
Eloísa Planas
30 mayo 2010
El misterio permanece 
mas a mí hoy te revelas
de una forma tan sencilla
que mi fe y amor alientas.
Amor del Padre, que quiere
Darme un camino hacia El;
al Hijo, que muy cercano
me muestre cómo acceder
y poder más conocerle
para a su amor responder,
mostrándome en mi lenguaje
su pensamiento y su hacer.
Más al ser tan limitada
no siempre sé comprender
y necesito por dentro
una luz que me haga ver
no con los ojos humanos,
que el corazón ha der ser
el que los abra muy grande
en espíritu y en fe.
Es el Espíritu bueno,
el del Padre y de Jesús
que con sus dones y frutos
me penetre con su luz.
Gloria al Padre, gloria al Hijo
y al Espíritu de Amor.
Que toda la tierra cante
las grandezas de este Dios.
Eloísa Planas(30 de mayo de 2010)

• ¡Silencio! ... Dios habla........
• Lo más importante requiere silencio. Y cuanto más silencio, más mensajes importantes a escuchar.
• Lo nuestro es hacer silencio, lo suyo amar en él.
• ¿Qué, qué es la oración?... callar,...mirar,...escuchar el constante “te quiero” de Dios.
• A veces un ssshhh nos saca del ruido y nos abre los ojos del corazón.
• El no nos deja enredarnos en nuestras palabras, excusas,: “Padre he pecado contra el cielo y contra ti,- ssshhh, traedle la mejor túnica, preparad el cabrito,...”
• Su única palabra, SU única PALABRA: un “te quiero”.
• Calla, no importan tus pecados,-----ssshhh----- te quiero.
• ¡Ojala hiciésemos ssshhh a tantos ruidos que nos impiden saborear lo mejor!
• ¡Cuántas cosas en el silencio nos hablan del “te quiero” de Dios.
• A veces la única manera de hacer silencio es que alguien nos calle: ...ssshhh
• ....
Y a ti ¿Qué te sugiere?
Soy peregrino enrolado en el Pueblo de Dios
que caminando va
hacia un único y seguro destino.
La humanidad semeja
la corriente de un río.
Todos caminamos,
pero no todo el mundo sabe a dónde va.
Yo sé a donde voy,
porque yo camino con el Pueblo de Dios.
Se habla mucho de dialogar,
y yo quiero aprender dialogando contigo.
Habla tú primero, ya que tú eres primero.
Yo te escucho.
Haré silencio profundo para oírte.
Después yo te hablaré...
Quiero aprender a dialogar contigo.
Así, cuando lo haga con los otros
seria muy bueno que en mi estilo
se acordaran de ti.
Hermano separado,
si nos damos las manos
habrá menos distancia entre los dos.
Hermano separado, si nos amamos
surgirá la luz.
Marchemos de la mano hacia el destino eterno
donde por siempre unidos estaremos los dos,
estaremos con Dios.
Todos tuvimos culpa, pero hoy
ni tú ni yo somos culpables.
Hoy sólo resta amar. y olvidar.
Y surgirá la luz,
Señor, !os santos saben vivir en todos los
tiempos,
porque en todos los tiempos es lo mismo
el amor.
Ellos no se escandalizan de los cambios,
ni de las deficiencias de los hombres
Son comprensivos,
echan una mano.
Son los seres más humanos de la tierra,
quieren como los hermanos aman a sus hermanos.
Y este modo de amar lo aprendieron de ti.
Consuelo Ojeda
Tú, rostro de un mismo cuerpo,
Cristo de todo hombre;
Fraternidad hecha carne,
Luz de todos los desastres.
Hondura del ser y rincón al que volver
…en busca de respiro.
Raíz y principio de todos los sentidos,
tierra inerte que a tu lado
se vuelve milagro compartido.
Árbol que a tu sombra crece sin desvío,
pilares que se funden al abrazo de tu abrigo,
golpes que siempre fueron menos contigo.
Tierra deshabitada
que tu aliento fue soñando,
pobreza que en tus brazos
hace posible el camino,
grietas que a tu vera
reconstruyen lo perdido.
Amor arrodillado que sostiene a la vida,
milagro que alborota toda existencia perdida.
Mirada que dignifica lo que ya se ha vivido,
despojos que permanecen a salvo
… si es contigo.
Enraízate en la tierra y obra maravillas,
que los muros de la casa descansen en tierra segura.
Arraiga todo amor al tuyo
¡Oh Cristo de todo hombre!,
haz que brote la esperanza
y resplandece como sentido
de toda miseria humana.
Reyes Bo