San Pablo escribe: Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas. El que no cometió pecado, y en cuya boca no se halló engaño; él que, al ser insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba, sino que se ponía en manos de Aquel que juzga con justicia.
1 Pedro 2, 21-23
Jesús dice: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir el lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa de ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor y conozco a mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre.»
Juan 10, 11-18
Canto
Salmo
Yo te amo, Señor ;
tú eres mi fortaleza,
Señor, mi roca,
mi alcázar, mi libertador,
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre.
En el peligro invocaba al Señor,
pidiendo socorro a mi Dios ;
desde su templo escuchó mi clamor,
mi grito llegó a sus oídos.
Me asaltaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo.
Me sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me ama.
del salmo 17
Lectura
San Juan escribe: Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a aquel que da el ser ama también al que ha nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.
1 Juan 5, 1-4
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.» Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.» Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»
Juan 20, 24-29
Canto
Silencio
Oración de Intercesión
Cristo resucitado, tu corazón exulta y tu alma se regocija, consuela a todos los que viven en la pena.
Señor resucitado, tú vienes a transfigurar nuestras personas, enciende en nosotros el fuego de tu amor.
Señor resucitado, en ti nuestra resurrección ya ha comenzado sobre la tierra, enciende en nosotros el fuego de tu amor.
Señor resucitado, tú vienes a colmarnos con la paz del corazón, enciende en nosotros el fuego de tu amor.
Señor resucitado, tu Espíritu quema en nosotros la tristeza, enciende en nosotros el fuego de tu amor.
Señor resucitado, tú vienes para reunirnos en tu Cuerpo, la Iglesia, enciende en nosotros el fuego de tu amor.
Padrenuestro
Oración
Tú, el Resucitado, cuando tenemos el simple deseo de acoger tu amor, poco a poco se enciende una llama en lo profundo de nuestro ser. Animada por el Espíritu Santo, esta llama de amor puede ser muy frágil al principio. Lo sorprendente es que arda siempre. Y cuando comprendemos que tú nos amas, la confianza de la fe llega a ser nuestro propio canto.
Cantos
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de sus fieles ;
que se alegre su pueblo por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras ;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la salvación a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas :
con vítores a Dios en la boca…
honor para todos sus fieles.
San Pablo escribe: Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras: que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras, que se apareció a Cefás y luego a los Doce.
o
Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que estaba a dos horas de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le reconocieran. (...) El les dijo: «¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Cristo, nacido del Padre antes de todos los siglos, y que te has encarnado en nuestra humanidad, tú has resucitado por nosotros; te adoramos.
—¡Gloria a ti Señor!
Hijo de Dios, Fuente de vida, invocamos tu bondad sobre nosotros y sobre toda la familia humana.
—Escúchanos, Señor de gloria.
Haznos vivir de tu vida y caminar como hijos de la luz, en la alegría de Pascua.
—Escúchanos, Señor de gloria.
Aumenta la fe en tu Iglesia, con el fin de que ella dé fiel testimonio de tu resurrección.
—Escúchanos, Señor de gloria.
Consuela a todos los que están abatidos, y graba en su corazón tus palabras de vida eterna.
—Escúchanos, Señor de gloria.
Consolida a los débiles en la fe, y revélate a los corazones que dudan.
—Escúchanos, Señor de gloria.
Fortalece a los enfermos, sostén a los ancianos y tranquiliza a los moribundos con tu presencia que salva.
—Escúchanos, Señor de gloria.
Tú Cristo, el Resucitado, escuchamos tu apacible voz en el Evangelio. Tú nos dices: ¿Por qué os preocupáis? Una sola cosa es necesaria: un corazón a la escucha de mi Palabra y del Espíritu Santo.
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea,
cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan :
viva su corazón por siempre.
Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe ;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Porque del Señor es el reino,
él gobierna a los pueblos.
Ante él se inclinarán los que bajan al polvo.
Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer :
todo lo que hizo el Señor.
El Señor dice: «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.»
Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quien perdonéis los pecados, les quedan perdonados.»
Cristo, por tu resurrección abres a todos los seres humanos las puertas del Reino: condúcenos hasta la gloria del Padre.
Por tu resurrección has confirmado la fe de tus discípulos y les has enviado al mundo: que tu Iglesia sea a su vez fiel en la proclamación de la Buena Noticia.
Por tu resurrección nos has reconciliado en tu paz: haz que todos los bautizados entren en una misma comunión de fe y de amor.
Por tu resurrección sanas nuestra humanidad y le das la vida eterna: te confiamos a los enfermos.
Por tu resurrección te has convertido en el primero de los seres vivos.
Jesús, el Resucitado, tú infundes en nosotros el Espíritu Santo. Quisiéramos decirte: tú tienes las palabras que dan vida a nuestra alma, ¿a quién iríamos sino a ti, el Resucitado?
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo, no temo.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó ;
el Señor es mi fuerza y mi canto,
él es mi salvación.
Escuchad : hay cantos de alegría
en las tiendas de los justos :
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
San Pablo escribe: Así, pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él.
o
El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro: vio y creyó, pues hasta entonces no había comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos. Los discípulos, entonces, volvieron a casa.
Te adoramos, Jesús, nuestro Salvador, tú que has vencido la muerte con la cruz:
Tú eres la piedra que rechazaron los constructores, tú te has convertido en la piedra angular: haz de nosotros piedras vivas de tu Iglesia.
Te pedimos por los cristianos, para que vivan en la alegría de tu resurrección, y que por su amor fraterno sean el signo visible de tu presencia.
Te pedimos por los responsables de tu Iglesia, para que al celebrar tu resurrección con todos los creyentes sean fortificados para tu servicio.
Te pedimos por los responsables de los pueblos, para que desempeñen su tarea como servidores de la justicia y de la paz.
Te pedimos por quienes sufren en la enfermedad, el duelo, la vejez, el exilio, para que tu resurrección sea para ellos consuelo y auxilio.
Jesús, el Resucitado, a veces nuestro corazón te invoca: no soy digno de que entres en mi casa, pero di solamente una palabra y quedaré curado. En el vacío de nuestra vida, tu Evangelio es luz en nosotros, tu Eucaristía es presencia en nosotros.
Jesús, nuestra alegría, a tu lado encontramos el perdón, el frescor de las fuentes. Sedientos de las realidades de Dios, reconoce tu presencia de Resucitado. E, igual que el almendro comienza a florecer con la luz de la primavera, tú haces florecer hasta los desiertos del alma.
¿Cómo podemos continuar rezando junto con otros? Esta pregunta surge a menudo después de una semana en Taizé o después de haber participado en un encuentro de Taizé en cualquier parte del mundo. A continuación, algunos de los elementos más importantes para preparar un tiempo de oración meditativa «sin comienzo ni fin».
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea,
cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan :
viva su corazón por siempre.
Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe ;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Porque del Señor es el reino,
él gobierna a los pueblos.
Ante él se inclinarán los que bajan al polvo.
Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer :
todo lo que hizo el Señor.
El Señor dice: «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.»
Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quien perdonéis los pecados, les quedan perdonados.»
Cristo, por tu resurrección abres a todos los seres humanos las puertas del Reino: condúcenos hasta la gloria del Padre.
Por tu resurrección has confirmado la fe de tus discípulos y les has enviado al mundo: que tu Iglesia sea a su vez fiel en la proclamación de la Buena Noticia.
Por tu resurrección nos has reconciliado en tu paz: haz que todos los bautizados entren en una misma comunión de fe y de amor.
Por tu resurrección sanas nuestra humanidad y le das la vida eterna: te confiamos a los enfermos.
Por tu resurrección te has convertido en el primero de los seres vivos.
Jesús, el Resucitado, tú infundes en nosotros el Espíritu Santo. Quisiéramos decirte: tú tienes las palabras que dan vida a nuestra alma, ¿a quién iríamos sino a ti, el Resucitado?
Canto: Espíritu abre una grieta…“En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.
Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.
Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario.
Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.
Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, y no lo reconocieron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo.
Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!
Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.
Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!
Al momento Jesús, extendiendo la mano, lo agarró, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.” (Mt 14, 24-34)
“Tú Señor, eres mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré?
Tú, Señor, eres la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?” (Sal 27,2)
“Tú Señor eres mi guardián, tú eres mi sombra, Estás a mi derecha,
Tú me guardas de todo de mal Y salvas mi vida…” (Sal 121,5-6)
“Tú estás conmigo, Dios y salvador mío.
Estoy seguro y sin miedo Porque tú eres mi fuerza y mi canción” (Is 12,2)
Desde lo hondo a ti grito, Señor,
Señor, escucha mi voz ;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir ?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra ;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa ;
y él redimirá a su pueblo
de todos sus delitos.
Así dice el Señor: ¿No os acordáis de lo pasado, ni caéis en la cuenta de lo antiguo? Pues bien, he aquí que yo lo renuevo: ya está en marcha, ¿no le reconocéis? Sí, pongo en el desierto un camino, ríos en el páramo. Las bestias del campo me darán gloria, los chacales y las avestruces, pues pondré agua en el desierto y ríos en la soledad, para dar de beber a mi pueblo elegido. El pueblo que yo me he formado contará mis alabanzas.»
Isaías 43, 18-21Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber.» Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice la mujer samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.) Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.» Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?» Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.»
Juan 4, 5-14
Señor Cristo, revela la presencia de tu Reino en medio de nosotros.
Vela, oh Dios, en la puerta de nuestros labios; que toda herida de esta jornada desaparezca en tu perdón.
Señor Jesús, inclina hacia tu luz los corazones que no encuentran el camino hacia ti.
Cristo, por el don de tu vida a Dios, muéstranos el camino de vida.
Cristo, permanece junto a todos los que conocen una noche atormentada, los enfermos, las personas sin hogar.
Cristo, protégenos de las trampas del desánimo y de la inquietud.
Nuestra mirada, Señor, se vuelve hacia ti; nuestra alma descansa en ti.
Dios vivo, a veces somos como extranjeros en la tierra, desconcertados por las violencias, la dureza de las oposiciones. Como una brisa ligera, tú soplas sobre nosotros el Espíritu de paz. Transfigura los desiertos de nuestras dudas para prepararnos a ser portadores de reconciliación allí donde tú nos has puesto, hasta que despunte una esperanza de paz entre los seres humanos.
Bendícenos, Cristo Jesús, haznos capaces de abandonarlo todo en ti.
Canto
Salmo
El Señor es nuestro refugio y fortaleza,
una ayuda siempre pronta en los peligros.
Por eso no tememos,
aunque la tierra se conmueva
y las montañas se desplomen
hasta el fondo del mar;
aunque bramen y se agiten sus olas,
y con su ímpetu sacudan las montañas.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro baluarte es el Dios de Jacob.
Los canales del río alegran la Ciudad de Dios,
la más santa Morada del Altísimo.
El Señor está en medio de ella: nunca vacilará;
él la socorrerá al despuntar la aurora.
Tiemblan las naciones, se tambalean los reinos:
Él hace oír su voz y se deshace la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro baluarte es el Dios de Jacob.
Venid a contemplar las obras del Señor,
él hace cosas admirables en la tierra:
elimina la guerra hasta los extremos del mundo;
rompe el arco, quiebra la lanza
y prende fuego a los escudos.
Rendíos y reconoced que yo soy Dios:
yo estoy por encima de las naciones,
por encima de toda la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro baluarte es el Dios de Jacob.
Del salmo 46
Lectura
Silencio
Oración de Intercesión
• Señor Jesús, después de haber dado tu vida en la cruz, tú has entrado en la gloria del Padre. Haz que toda la humanidad participe en tu vida de Resucitado.
• Por medio de ti, Jesús, Dios ha hecho con nosotros una alianza nueva. Tú estás con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos.
• Jesús, tú apareciste a tus discípulos después de tu pasión. Con tu presencia en medio de nosotros, consolídanos en nuestra fe.
• Señor Jesús, tú que conoces lo profundo de cada uno, consuela a los que sufren.
• Jesús, tú que nos envías a nuestros hermanos, ayúdanos a anunciar con fuerza tu presencia.
• Jesús, tú has enviado a los apóstoles a anunciar la Buena Noticia hasta los confines de la tierra. Que el Espíritu Santo nos haga testigos de tu amor.
Padrenuestro
Oración
Jesús, en el vacío, en la desesperanza, en la ceguera, tu Evangelio es luz en nosotros, tu Eucaristía es presencia en nosotros. Sedientos de las realidades de Dios, reconocemos tu presencia de Resucitado entre nosotros.
Cantos
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre :
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra ?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo ;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
CANTO INICIAL: Laudate Dominun
SALMO 34
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
Yo me glorío del Señor:
que lo escuchen los humildes y se alegren.
Engrandeced conmigo al Señor,
ensalcemos juntos su Nombre.
Yo busqué al Señor y me dio una respuesta
De todo temor me ha liberado.
Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se sonrojará.
Este pobre clamó y el Señor lo escuchó, lo salvó de todos sus peligros.
El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles protegiéndolos.
Gustad y apreciad qué bueno es el Señor: dichoso el varón que se acoge a él.
CANTO ALELUYA
LECTURA Mt 13, 44- 46
El reinado de Dios se parece a un tesoro escondido en un campo: lo descubre un hombre, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, vende todas sus posesiones para comprar aquel campo. El reinado de Dios se parece a un mercader en busca de perlas finas: al descubrir una de gran valor, va, vende todas sus posesiones y la compra.
CANTO
SILENCIO
PRECES
- Por quienes anuncian con fidelidad tu Palabra. Señor te pedimos.
- Por quienes sufren en los lugares de trabajo, por quienes están en paro, por el respeto de su dignidad.
- Por los niños abandonados, para que encuentren serenidad pronto en quienes les acojan. Señor te pedimos
- Por los estudiosos y los científicos, por quienes trabajan por el bien de toda la humanidad. Te pedimos Señor
- Para que la Iglesia sea signo del amor fraterno. Te pedimos Señor.
PADRENUESTRO
ORACIÓN
Bendícenos, Jesucristo, Tú que siempre vienes a visitarnos en nuestra realidad.
CANTO
CANTO INICIAL

SALMO 40
En Yahveh puse toda mi esperanza,
él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
Me sacó de la fosa fatal, del fango cenagoso;
asentó mis pies sobre la roca, consolidó mis pasos.
Puso en mi boca un canto nuevo, una alabanza a nuestro Dios;
muchos verán y temerán, y en Yahveh tendrán confianza.
Dichoso el hombre aquel que en Yahveh pone su confianza,
y no se va con los rebeldes, que andan tras la mentira.
¡Cuántas maravillas has hecho, Yahveh, Dios mío,
qué de designios con nosotros: no hay comparable a ti!
Ni sacrificio ni oblación querías, pero el oído me has abierto;
no pedías holocaustos ni víctimas, dije entonces: Heme aquí, que vengo.
Se me ha prescrito en el rollo del libro hacer tu voluntad.
Oh Dios mío, en tu ley me complazco en el fondo de mi ser.
No he escondido tu justicia en el fondo de mi corazón,
he proclamado tu lealtad, tu salvación,
no he ocultado tu amor y tu verdad a la gran asamblea.
Y tú, Yahveh, no contengas tus ternuras para mí.
Que tu amor y tu verdad incesantes me guarden.
¡Dígnate, oh Yahveh, librarme, Yahveh, corre en mi ayuda!
¡En ti se gocen y se alegren todos los que te buscan!
Repitan sin cesar: «¡Grande es Yahveh!», los que aman tu salvación.
Y yo, pobre soy y desdichado, pero el Señor piensa en mí;
Tú eres mi auxilio y libertador, ¡no te retrases Dios mío!.
LECTURA (Isaías 49, 13- 16)
¡Aclamad, cielos, y exulta, tierra! Prorrumpan los montes en gritos de alegría, pues Yahvé ha consolado a su pueblo, y de sus pobres se ha compadecido. Pero dice Sión: “Yahvé me ha abandonado, el Señor me ha olvidado”.
-¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque esas llegasen a olvidar, yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada, tú estás ante mí perpetuamente.
CANTO

SILENCIO
ENCENDER VELAS- CANTO

ORACIÓN DE INTERCESIÓN
- Dios creador y salvador, fuente de paz en toda la tierra,
(todos) sé toda nuestra vida
- Oh Cristo, que llamas a la comunión con todos,
(todos) acógenos en tu amor
- Oh Cristo, nuestro Pastor, Tú vienes a buscar a quien está perdido, visitar a los abandonados, a los marginados,
(todos) reaviva su esperanza
- Espíritu Consolador, tú depositas en nosotros una esperanza,
(todos) cólmanos de tu amor
- Espíritu Consolador, tú suscitas en nosotros un amor capaz de perdonar,
(todos) ven a nosotros, Espíritu Santo.
PADRE NUESTRO
ORACIÓN FINAL
Jesús, el Cristo, recuérdanos que si la fe, la esperanza y el amor fundamentan nuestra existencia, es la vitalidad del amor lo que cuenta por encima de todo. Tú nos dices: “Yo, Cristo, te amo.”. Ahí está la fuente de una paz del corazón.
Hermano Roger de Taizé
CANTO FINAL
OASIS.
Isla de verdor
en un mar de arenas.
OASIS.
Reír y animar
aun teniendo el alma
su dolor y penas,
OASIS.
Un canto de paz
cuando todo es guerra.
OASIS.
Es hallar amor
aun en la tierra.
Consuelo Ojeda
Es tarde
pero es nuestra hora.
Es tarde
pero es todo el tiempo
que tenemos a mano
para hacer futuro.
Es tarde
pero somos nosotros
esta hora tardía.
Es tarde
pero es madrugada
si insistimos un poco.
Pedro Casaldáliga,
de El tiempo y la espera.
• Nos invaden los papeles
No sé expresarlo,
pero siento, Señor, tu cercanía,
como siento la brisa,
como siento el calor,
y percibo el aroma de la flor.
No sé expresarlo,
como en la noche fría
hay paz y vida y la luz y el calor.
Consuelo Ojeda
No quieras forzar las cosas.
Haz tan sólo aquellas cosas
que te impulsa el amor.
No quieras cambiar la ruta
que en el aire traza el viento;
ya madurará la fruta
cuando llegue su momento;
ya se encargará la brisa
de abrir el capullo en flor.
Pide sólo más amor,
esfuérzate por amar,
que no vale acumular
las cosas y los cuidados.
Pide sólo más amor,
que todo a su alrededor
cambia de luz y color
para los enamorados.
PIDE SOLO MAS AMOR.
