Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Dame Señor un rostro de Buen Pastor capaz de cargar el peso de la oveja perdida con ilusión de un encuentro incomparable. Tu presencia en el camino de la soledad del pecador alienta la alegría de este encuentro. Abre los ojos de los que están tentados para que descubran la capacidad de tu perdón y tu acogida y ayúdanos a rezar cada día el Padre nuestro con la seguridad de que nuestra súplica: “no nos dejes caer en la tentación” es la realidad de una oración escuchada y avalada por tu palabra que nos dijo “pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá, buscad y encontraréis”.“El Señor es mi pastor nada me falta
en verdes praderas me hace repostar
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Aunque camine por caminos oscuros
nada temo
porque tú vas conmigo,
tu vara y tu cayado me sosiegan”.
- Bailar: reír, disfrutar, despreocuparnos, amigos, celebrar… De todo eso nos habla este verbo. Bailamos cuando estamos relajados, cuando nos sentimos cómodos, cuando queremos pasar un buen rato; bailamos con los amigos, con la familia, con la pareja… ¿Bailar Contigo, Señor? ¿Qué significa eso? ¿Celebro algo? ¿Disfruto? ¿Me atrevo? ¿Quiero?"Oí tus pasos en el huerto, tuve miedo y me escondí, porque estaba desnudo"Gn 3, 10
Me parecía que Dios jugaba al escondite. Y es que durante mucho tiempo yo fui una persona que…
Buscaba a Dios y Dios me eludía.
Llamaba a Dios y Dios comunicaba.
Escribía a Dios y Dios cambiaba continuamente de dirección.
Dibujaba a Dios y Dios no se reconocía.
Visitaba a Dios y Dios siempre estaba ocupado.
Pedía perdón a Dios y Dios se tapaba los oídos.
Invitaba a Dios y Dios rechazaba el convite.
Abrazaba a Dios y Dios se escurría entre mis brazos.
Lloraba a Dios y Dios desviaba su mirada.
Amaba a Dios y Dios me ponía los cuernos.
Hasta que un día cambié de estrategia y…
Busqué a mi hermano y Dios apareció en mi camino.
Llamé a mi hermano y Dios respondió al instante.
Escribí a mi hermano y Dios me envió una hermosa carta de amor.
Dibujé a mi hermano y Dios me mostró su rostro.
Visité a mi hermano y Dios me abrió la puerta.
Pedí perdón a mi hermano y Dios desplegó toda su misericordia.
Invité a mi hermano y Dios llegó con su traje de gala.
Abracé a mi hermano y Dios me correspondió con tiernas caricias.
Lloré a mi hermano y Dios me secó las lágrimas.
Amé a mi hermano y Dios se enamoró perdidamente de mí…
Por José María Escudero



“Este cuadro se trata de un mural pintado para una iglesia de un barrio de Roma, con personajes del barrio. Vienen representados: un judío con el manto de oración; una prostituta procedente del sudeste de Asia; una vieja del asilo; un payaso; un intelectualillo; una mujer rica; y un refugiado político o hambriento de África. La escena se desarrolla en un interior, en torno a una mesa. Parece que comparten pan y vino y todos reciben estos alimentos de un personaje de espaldas a nosotros; o mejor, que está con el espectador, del cual sólo se ven sus manos abiertas y se sabe de su presencia por sus palabras y gestos, pues todos los comensales se vuelven hacia él para escucharle y recibir el vino y el pan. La habitación parece pobre, oscura, en un mugriento color marrón. Una puerta a la derecha deja ver al fondo la ciudad. En la penumbra de la habitación destaca el color blanco del mantel de la mesa; de ese color emana la luz que destaca los variopintos vestidos de los personajes, en colores intensos: azul, rojo; del color de su piel y de los cabellos femeninos. La disposición en torno a la mesa construye una estructura compositiva circular: un óvalo que fuga hacia el espectador, por la disposición del personaje "sin rostro" hacia el que se dirigen las miradas. Esta estructura circular, abierta, y los colores del mantel y de los vestidos dan calor humano, encuentro; aumentado por el tema de una comida en común. Es curioso que en la mesa estén sentados hombres y mujeres de distintas razas, edad, religión, posición social, etc.
“Este cuadro se trata de un mural pintado para una iglesia de un barrio de Roma, con personajes del barrio. Vienen representados: un judío con el manto de oración; una prostituta procedente del sudeste de Asia; una vieja del asilo; un payaso; un intelectualillo; una mujer rica; y un refugiado político o hambriento de África. La escena se desarrolla en un interior, en torno a una mesa. Parece que comparten pan y vino y todos reciben estos alimentos de un personaje de espaldas a nosotros; o mejor, que está con el espectador, del cual sólo se ven sus manos abiertas y se sabe de su presencia por sus palabras y gestos, pues todos los comensales se vuelven hacia él para escucharle y recibir el vino y el pan. La habitación parece pobre, oscura, en un mugriento color marrón. Una puerta a la derecha deja ver al fondo la ciudad. En la penumbra de la habitación destaca el color blanco del mantel de la mesa; de ese color emana la luz que destaca los variopintos vestidos de los personajes, en colores intensos: azul, rojo; del color de su piel y de los cabellos femeninos. La disposición en torno a la mesa construye una estructura compositiva circular: un óvalo que fuga hacia el espectador, por la disposición del personaje "sin rostro" hacia el que se dirigen las miradas. Esta estructura circular, abierta, y los colores del mantel y de los vestidos dan calor humano, encuentro; aumentado por el tema de una comida en común. Es curioso que en la mesa estén sentados hombres y mujeres de distintas razas, edad, religión, posición social, etc. ¿Qué nos querrá decir?
La prostituta
Observar 
En la barriada más profunda de Brasil la belleza está presente, sólo depende de nuestra mirada.
¿Qué cosas son bellas a mis ojos?
Es un icono copto, encontrado en un monasterio de Egipto, en Baouit. Una obra de finales del S.VI dc.